Entre 2 mil y 3 mil habitantes de comunidades anteriormente tranquilas en la sierra de Zacatecas tuvieron que dejar sus viviendas atemorizados por la violencia latente de grupos criminales, lo que volvió sus localidades en auténticos pueblos fantasma.
Un trabajo de investigación de Radio Fórmula.
Por Aseneth Hernández y Aldo Gutiérrez
Laura y su familia se fueron de Sarabia, comunidad del municipio de Jerez en Zacatecas, hace 9 meses. Ellos no pudieron llevarse sus cosas, por lo que huyeron con lo que llevaban puesto. Entonces se convirtieron en desplazados.
Igual que al menos otros 2 mil habitantes de 18 comunidades del municipio, o hasta 3 mil según estima el gobierno de Zacatecas, abandonaron su casa y sus tierras a causa de la violencia y el terror que generaron las disputas por el territorio entre los mayores grupos criminales del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa.
Los grupos armados llegaron a su territorio en julio de 2020, según lo que recuerdan varios desplazados. Durante los primeros seis meses de su asentamiento no los violentaron. No obstante, las primeras agresiones contra ellos se registraron en febrero de 2021.
Laura recuerda que ella y su esposo, junto con sus suegros, estaban trabajando en el campo, cuando un grupo de hombres armados entró a su domicilio y les robaron varias de sus pertenencias.
Para Raúl, suegro de Laura, ese suceso les quitó la tranquilidad de vivir en Sarabia. El miedo hizo que abandonaran su patrimonio y se fueran al centro de Jerez. Antes de irse, tomaron sólo unas mudas de ropa y pusieron candados y cadenas en sus puertas para evitar que los criminales se metieran a robar.
Los nombres de Laura y Raúl, así como de todas las víctimas de desplazamiento de este reportaje son ficticios, ya que pidieron a Grupo Fórmula proteger su identidad para evitar ponerlos en riesgo. Sin embargo, sus historias y testimonios son reales.
Sarabia, Palmas Altas, Cieneguitas, Guadalupe Victoria y Ordóñez son algunas de las comunidades que se convirtieron en pueblos fantasma desde hace 9 meses, hacia la segunda mitad de 2021; las casas se quedaron deshabitadas y las tierras con siembras de duraznos, forrajes y avena, pero también con el cultivo de maíz y frijol para el autoconsumo, abandonadas.
En algunas, el único huésped sigue siendo el silencio porque los desplazados no han regresado.
Estos son algunos datos de la entidad
Representa 3.8% del territorio nacional.
1,622,138 habitantes, el 1.3% del total del país.
63% urbana y 37% rural; a nivel nacional el dato es de 79 y 21% respectivamente.
9.2 (poco más que secundaria concluida); 9.7 el promedio nacional.
Actividad económica que más aporta al PIB estatal
Aportación al PIB Nacional en 2020
Fuente:Inegi
Desplazados
Comunidades afecadas
La mayoría de los desplazados de las comunidades de la sierra se mudaron al centro de Jerez para empezar casi “de cero”, en busca de una casa, muebles, escuelas y hasta un trabajo.
Esto porque en sus comunidades se dedicaban a la agricultura y la ganadería, las principales actividades económicas de las localidades de la Sierra de Jerez, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).
Por lo que al abandonar sus tierras, los desplazados perdieron su principal fuente de ingreso, pero también parte de su identidad, y tuvieron que dejar su forma de vida para buscar una actividad diferente en la ciudad: obrero, transportista, cargador, lo que fuera que pudieran hacer en la urbe a cambio de algunos pesos.
María, una de las desplazadas de Sarabia, se convirtió en trabajadora del hogar, igual que su hija menor. También vende tamales para contribuir con el pago de la renta. Mientras que su esposo empezó a vender chicharrón de cerdo.
La casa que ella y su familia encontraron es varios metros cuadrados más pequeña que la suya. Ahora sólo tienen 3 recámaras y en su casa de Sarabia tenían 4; así como cocina, sala y comedor amplios, según el recorrido realizado por el inmueble abandonado.
Cuando Laura y su familia abandonaron Sarabia sufrieron durante 8 días porque no encontraron ninguna casa en renta. Así que el hermano de su suegro los recibió en su hogar, aunque el inmueble les quedó pequeño porque en conjunto eran 12 personas.
Después hallaron una casa en la que vivieron durante 5 meses, hasta que dieron con una residencia “más grandecita” donde viven actualmente.
Sobrevivir se volvió en un problema. En ese periodo, el esposo de Laura estuvo un mes sin trabajo, pero ella tiene familiares en Estados Unidos (EU) que los apoyaron durante ese tiempo.
Como ellos, otras familias de desplazados recibieron ayuda de sus seres queridos que viven en territorio estadounidense y hubo quien prefirió probar “suerte” allá.
Francisco, desplazado de Palmas Altas, fue uno de ellos. Él abandonó su comunidad a principios de 2021 y se fue a vivir a casa de uno de sus primos.
El campesino sólo pasó un mes en el centro de Jerez y después se fue, junto con su esposa e hijo, para trabajar.
Allá consiguió empleo como lavaplatos, pero las jornadas laborales eran de 12 horas. Por lo cual sólo estuvo 5 meses allá y se regresó en septiembre de 2021.
“Le puedo decir que todo empezó de un miércoles de ceniza del año pasado que levantaron a seis personas”
“Entramos a la casa ahí y lo primero que miramos fue que estaba bien baleada. Todos los cuartos, todo muy destrozado. Yo no me esperaba eso, fue un golpe muy duro. Yo esperaba encontrar la casa tirada, pero a mí no me dejaron nada”
“Nosotros nos fuimos a la buena de Dios con lo que traíamos puesto; para mis niños 3 cambios (de ropa), para mi esposo 2, para mí 2. Nos fuimos a buscar dónde vivir”
"Así como andábamos vestidos, así nos fuimos porque no nos dieron chance de llevarnos nada”
Su vida era tranquila en el campo, pero los grupos criminales irrumpieron para robarles la paz y ahuyentarlos de sus vidas.
Algunas de las casas de los desplazados se convirtieron en campos de batalla: paredes y techos perforados con impactos de armas largas; muebles destruidos; vidrios rotos; espejos estrellados; candados y cadenas rotos; ropa sucia e inservible apilada en el piso; juguetes destruidos; fotografías y portarretratos tirados; camionetas quemadas; casquillos de bala y sangre entre sus pertenencias.
Así encontraron sus casas cuando regresaron, luego de que el gobierno federal los escoltó con apoyo de la Guardia Nacional y el Ejército, y más tarde instaló, con apoyo de autoridades estatales y municipales, una base militar y otra de la policía.
Pero otras resultaron incluso escenas del crimen, como la vivienda de María en Sarabia: entre sus paredes se enfrentaron militares con sicarios de uno de los cárteles.
En el inmueble murió un elemento de la Guardia Nacional, por lo que la Fiscalía General de Zacatecas colocó varios sellos para impedir la entrada.
Mientras que unas casas más no sólo fueron destruidas, sino también saqueadas. Como la de la señora Laura y su familia, quienes volvieron a Sarabia tras 8 meses, y la primera vez que acudieron fue cuando los militares los escoltaron y encontraron su casa “hecha un desastre”
Muchas de las cosas que robaron las usan para abastecer sus campamentos en la sierra. No obstante, lo único que no robaron ni destruyeron fue la iglesia de la comunidad y los altares de los domicilios.
Y aunque algunos de los habitantes han podido volver más de una ocasión, como es el caso de Palmas Altas, otros simplemente pasaron más de un año alejados de sus viviendas y sólo pudieron visitar sus hogares escoltados por la Guardia Nacional y el Ejército, como fue el caso de Sarabia.
En estos regresos, intentaron retomar su vida normal pero no lo consiguieron. Tras una serie de protestas ante los distintos niveles de gobierno, incluida una afuera de Palacio Nacional para pedir ayuda al presidente Andrés Manuel López Obrador, por fin hacia mediados de marzo recibieron atención de los gobiernos locales.
Sin embargo, las autoridades no han garantizado el regreso seguro de los desplazados de todas las comunidades porque son pocos los que han vuelto y no hay suficientes bases para las fuerzas de seguridad.
Por ahora, los desplazados sueñan con retornar a sus casas y trabajar sus tierras, como antes. Y aunque saben que nada volverá a ser igual, regresar es su mayor anhelo.
Así se ven los rastros de la batalla entre cárteles del narco en las comunidades de la sierra de Jerez.
Aldo Rafael Gutiérrez
Luis Lozano
Aseneth Hernández
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Héctor Gutiérrez
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Sandra Ríos
Daniela Mena
Juan Carlos García
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Marcos Méndez