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Jaime Bonilla perdió su silla... y otras cosas

Para Bonilla la administración pública es como un bufet en el que uno se puede elegir el cargo a contentillo: hoy se me antoja ser gobernador, mañana se me antoja ser senador. Hoy enchiladas, mañana chilaquiles. 

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La palabra cinismo en el diccionario debería de tener una nueva definición:

1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.

2. m. Impudencia, obscenidad descarada.

3. m. Fil. Doctrina de los cínicos, que expresa desprecio hacia las convenciones sociales y las normasy valores morales.

4. m. desus. Afectación de desaseo y grosería.

5. m. Senador que chapulinea a un gobierno estatal y luego quiere regresar a su escaño

6. m. Jaime Bonilla

De igual manera, en todas las enciclopedias del mundo, la definición de ese término debería de ir acompañada de una imagen del morenista ex gobernador de Baja California.

Ayer la Sala Regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación instruyó al Senado de la República negar el regreso de Jaime Bonilla debido a que la ley impide la reincorporación cuando un servidor público elige entre dos cargos.

Por lo tanto, los magistrados ordenaron a la Cámara alta que quite de la silla a Bonilla y llame a su suplente para que ocupe su lugar.

La ley señala que existe un impedimento para que un legislador que solicitó licencia para asumir otro cargo público, retome su silla una vez que ese segundo puesto concluyó.  La determinación se dio como parte de la inconformidad presentada por el  Partido Acción Nacional.

Es decir, para Jaime Bonilla la administración pública es como un bufet en el que uno se puede elegir el cargo a contentillo: hoy se me antoja ser gobernador, mañana se me antoja ser senador. Hoy enchiladas, mañana chilaquiles. 

Bonilla ya anunció que impugnará ante la Sala Superior la sentencia de la Sala Regional Toluca... habrá que ver si la máxima instancia le cumple el capricho.

Claudia tiene razón... pero

El gobierno de la Ciudad de México tiene razón: el tercer peritaje de la empresa nórdica DNV ha tenido un proceso desaseado y bastante politizado.

Recordemos que, pensando en 2024, en ese informe se juega mucho, por lo que no es de sorprender que haya intereses políticos y partidistas que hayan metido su cuchara en el mismo.

De igual manera, es cierto que no se debe equiparar el mantenimiento con los errores de construcción y diseño. Son temas de diferente magnitud.

Uno puede cuidar muy bien su casa... pero si el techo está mal puesto, no hay nada que se pueda hacer ante el temblor o la ventisca.

El único error del Gobierno capitalino fue la comunicación de este caso, donde hizo más grande un problema que debió ser resuelto técnicamente.

Es decir, la lluvia se convirtió en chubasco.