Regreso a Clases

Sin azúcares procesados: la nueva dieta del siglo XXI

La malnutrición infantil es un problema que afecta a millones en el mundo.

La nueva dieta de este siglo debe reducir considerablemente el consumo de azúcares y grasas saturadas o las consecuencias serán irreversibles.

Los hábitos de consumo de comida chatarra ya afectan a la infancia y el panorama no es alentador en países que no han tomado cartas en el asunto.

México, uno de los países con mayores problemas de sobrepeso en el mundo, es de los pocos que ha tomado medidas para mejorar los hábitos alimenticios de la infancia y revertir parte de un problema mundial.

Obesidad infantil

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el sobrepeso y la obesidad como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud”.

La dependencia internacional señala que, hasta 2016, había registro de 46 millones de niños con problemas de obesidad y sobrepeso.

Uno de los factores es la dificultad para establecer un parámetro de peso sano ya que depende de elementos como la edad, la altura y la actividad física. Sin embargo, el índice de masa corporal sigue siendo el parámetro más usado.

Adicción a la azúcar

Un elemento del que poco se habla pero cada vez se estudia más es la adicción que provoca el consumo de cierto tipo de azúcares en los dulces, principalmente de sacarosa.

Un estudio realizado por la Universidad de California, en Los Ángeles (UCLA), demostró que el consumo de azúcar provoca un efecto similar al que padece los adictos a las dorgas cuando dejan de consumirla.

Según ABC, el experimento se realizó con roedores a los que se les dotó de una cantidad de azúcar que fue aumentando gradualmente. Cuando se les retiró mostraron “alteraciones compulsivas similares” a quienes son adictos.

Nuevas tendencias

En México se han aprobado políticas públicas para reducir y desinhibir el consumo de azúcares procesados y grasas saturadas por parte de los niños y también de los adultos.

La primera fue la reforma aprobada en 2014 con la que se impuso un impuesto de $1 peso por cada litro de refresco. Según el investigador de la División de Economía del CIDE, Alfonso Miranda, esto redujo el consumo entre un 6% y 12%.

Apenas a principios de este año se aprobó la ley de etiquetado de productos que obliga a todos los productos con azúcares y grasas a especificar el contenido calórico en lugar de promocionar la marca con caricaturas.

Con información de OMS, ABC y Conacyt

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