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Vida y Estilo

Mi relación tóxica con el amor y la violencia

"Amiga, hermana, si te pega no te ama"

La primera lección que recibí sobre feminismo fue a los 8 años, cuando mi mamá tomó una maleta con un poco de ropa, agarró mi mano, y nos fuimos lejos.

Unos años antes, la vi llorar por los pasillos de la casa. Recuerdo gritos y a mi padre recogiéndome en la primaria con la persona que actualmente es su pareja; por esa época, también conocí a mis dos medias hermanas (de distinta mamá) y a una tercera mujer.

Pidieron que callara y eso hice, hasta hoy.

Mis memorias de aquel entonces siguen un tanto borrosas. La infancia es un lugar al que no se quiere -ni puede- regresar, pero del que nunca se sale.

La segunda lección más grande fue en la juventud. Nadie me dijo cómo romper patrones de conducta, que mi cuerpo no era moneda de cambio, y que regalar tu riqueza espiritual te deja vacía.

Hoy, a mis 27 años, sigo en proceso de deconstrucción. Porque vivir anhelando un poco de amor, también es violencia… hacia mí misma.

Amé hasta el punto de la locura, perdí mi personalidad, alejé a mis amigos, perdoné engaños, golpeé y fui golpeada. Lloré, una y otra vez. Sentí un dolor tan profundo que se manifestaba físicamente a través de náuseas. Y aunque me hago responsable de mí, pues ellos no me obligaron a rogar su cariño, ni yo a ellos a quedarse, quiero evidenciar las muchas maneras de herir a una mujer.

¿Y qué tiene que ver el feminismo en todo esto? A mí, me salvó dejándome esta enorme enseñanza, porque sólo tocando fondo, se aprende de verdad. Ahora, ser más compasiva es mi apostolado. Me prometí no volver a permitir que me lastimen, ni lastimar a otra mujer.

Que no todos los hombres son malos. Es cierto. Pero la violencia también vive escondidita en las mentiras, los gritos, los celos, las infidelidades; radica en abandonar a los hijos, en burlarse de las mujeres con sobrepeso, en hacerte sentir tonta, en reírse del hombre que llora, y un sinfín de ejemplos más.

La violencia escala de manera gradual

De acuerdo con cifras del INEGI, en México, el 40% de los feminicidios son perpetrados por el novio o esposo de la víctima. CUARENTA POR CIENTO.

Pero no sólo eso; más de 12 millones de mujeres en nuestro país han sufrido violencia severa o muy severa por parte de su pareja. Es decir, 12 millones de mexicanas han sido golpeadas, violadas, contagiadas de alguna ETS, terminado hospitalizadas, o asesinadas por la persona que aman.

Amigas, el feminicida de Ingrid no era un asesino… hasta que lo fue.

Cuando me dieron la oportunidad de escribir en este espacio, mi primera impresión fue ¿y yo qué podría decir, si mi voz no es necesaria? Entonces, tomé un respiro y dije: ¡AL CARAJO!

Al carajo el miedo, las críticas y todo aquello que me detuvo. Si una sola mujer se identifica con este texto y logra gritar conmigo ¡AL CARAJO!, me daré por bien servida.

Ayer miles de mujeres tomamos nuestras prendas color negro para marchar, gritamos desde el dolor y con el corazón en la mano ¡ni una menos!, exigimos justicia al unísono; este domingo por fin estuvimos unidas. Sigamos así.

Recuerda, mujer, que juntas somos infinitas.

Te abrazo desde aquí.

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