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Opinión

La tormenta que se anunció

Raúl Orvañanos

La peor pesadilla del futbol mexicano se ha vuelto realidad y recurrente; aunque pareciera muy lejos la eliminación del Mundial de Corea Japón 2002, algo se quedó en el subconsciente colectivo de los mexicanos aficionados al futbol. Se jugaban los cuartos de final y el rival, Estados Unidos, otrora un cheque al portador para el equipo mexicano les eliminó con un marcador contundente de dos a cero, sin que la reacción de los seleccionados, y cuerpo técnico, se vislumbrara; esa madrugada en México la amanecimos sin asimilarla de manera correcta, pensando que era un mal sueño del que podíamos despertar, ya no en ese Mundial, pero sí en el futuro. Ya vendrían más eliminatorias en las que habría revancha. Por un tiempo así fue, se calificó ‘caminando’ a un par de Copas del Mundo más, pero también se sufrió al punto de jugar un repechaje, la posición y jerarquía del ‘Gigante de CONCACAF’ se tambaleó en otro para de eliminatorias, ya no solo era el vecino del Norte, el que serruchaba los aposentos del gigante, también Costa Rica logró una generación capaz de moverle el piso a la Selección Mexicana. Muchos llamados de atención, y pocos oídos que los escucharan; unos haciéndose los sordos, otros tratando de cacarear más fuerte para tratar de tapar las explosiones de calidad que han tenido los rivales de la zona a lo largo de veinte años.

A Estados Unidos se le debe considerar un rival poderoso en todas las áreas deportivas, es cuestión que se propongan a ser los mejores en alguna disciplina para empezar a trabajar en conseguirlo, no solo es la habilidad nata de los individuos; tiene que ver con la inversión en infraestructura, el desarrollo del deporte desde las escuelas en todos los niveles educativos; los clubes no son los únicos responsables en el acompañamiento deportivo. Es posible que desde el Mundial realizado en su territorio en 1994, los estadounidenses se hayan dado cuenta que el futbol soccer es realmente sencillo, que se tiene que tener cierta habilidad física, pero que en la estructura podían hacer ciertas modificaciones acordes al resto de sus ligas deportivas profesionales, para que diera resultados a corto plazo. Tres generaciones tardaron en poner a punto una maquinaria futbolística que cuenta con una liga que produce altos dividendos y un representativo nacional con bastantes jugadores en Europa; desde aquel equipo con Alexi Lalas, pasando por Coby Jones y Landon Donovan para aterrizar en Pulisic y una generación dorada. Después de no haber asistido a Rusia, eliminados por Trinidad y Tobago, han puesto la mira fija en Catar 2022 y, sobre todo, en el Mundial que compartirán con México; pero ya no están conformes con participar, apuntan a ser protagonistas.

Para el futbol mexicano debe ser preocupante el explosivo ascenso de su rival vecino, pero es más preocupante la incapacidad de reaccionar ante esto; por treinta años el balón pie en nuestro país ha observado impávidamente cómo se llenan de canchas de futbol las escuelas y los parques de Estados Unidos; aquí pocos clubes se han atrevido a masificar su influencia en los jóvenes, algunos siguen siendo grupos de élite a los que es muy complicado acceder; hay pocos visores que se encarguen del talento juvenil en los barrios y pueblos, pero muchos que quieren ser promotores que traigan al próximo gran ídolo extranjero; todos tienen la misma justificación, es más barato comprar fuera que desarrollar a un talento desde joven. Los que dirigen al futbol mexicano asestaron tres golpes certeros al joven futbolista mexicano: la eliminación del límite para extranjeros, la desaparición de la regla 20/11 y la cancelación del ascenso y descenso entre las divisiones profesionales.

México calificará al Mundial, no hay duda; restan partidos que se jugarán en casa; pero será muy importante el cómo lo hagan. Tres derrotas consecutivas en un solo año frente al mayor rival de la zona ya habrían sacudido el avispero; en otro momento fueron actuaciones menos vergonzosas las que hicieron a un lado a un par, por lo menos, de proyectos anteriores. La poca capacidad de reacción se contagió al banquillo mexicano en las tres ocasiones que Estados Unidos recetó el ‘dousacerou’; la selección nacional ha sufrido anecdóticamente con los técnicos que se guardan los cambios; ’94 y ’02 están en nuestra memoria porque al entender de muchos aficionados las opciones para darle vuelta a los resultados frente a Bulgaria y los mismos estadounidenses, se encontraban en la banca. Martino llegó a un banquillo con muchos compromisos comerciales, pero por un momento pareció que se sacudía de todo eso que distrae al seleccionado mexicano; si acaso es él el que sigue decidiendo cuándo y cómo hacer modificaciones, podría dar el golpe de autoridad necesario y hacer el cambio de estandarte generacional en una selección a la que los rivales del Norte empiezan a quedarle jóvenes.

El partido del próximo martes contra Canadá, será un buen momento para saber si se le dará la oportunidad a los convocados que ganaron medalla olímpica o se intentará ir, una vez más, a la segura con los elementos casi sagrados; que, propio de la edad, se han quedado algunas revoluciones atrás en el futbol moderno. Está misma selección ha tenido momentos muy buenos en ciertos partidos, es necesario retomar ese rumbo para levantar la moral del entorno del futbol mexicano, tres derrotas consecutivas contra Estados Unidos son muchas.



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