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Opinión

Entre Copas: América, Euro y Oro

Raúl Orvañanos

Copa América y Eurocopa terminaron el mismo fin de semana, pasado, con dos partidos que coincidieron en algunas características, la principal; los dos equipos que jugaron locales en los estadios más importantes de su respectivo país, perdieron. Brasil e Inglaterra tenían la oportunidad de coronarse en sus templos de futbol, Maracaná y Wembley, el coloso de Río de Janeiro se preparó de manera emergente para la final de la copa de futbol del continente americano, la más antigua del mundo que se juega entre selecciones; el torneo se jugaría originalmente en Colombia, pero la inestabilidad social del país cafetalero obligó a CONMEBOL a pensar en una sede alterna en un Sudamérica azotada por la pandemia, pocos países en la región cuentan con la infraestructura necesaria para, casi de la nada, organizar un torneo de semejantes proporciones. Brasil alzó la mano, desde el Mundial 2014 ha sido anfitrión de justas deportivas globales, Río 2016 y otra Copa América en 2019, por lo que, a pesar de ser uno de los países con más contagios en el mundo, se tomó la decisión, fast track, de realizar ahí la Copa América; que ahora sería cada 4 años, en lugar de cada 3 para evitar el empalme con eliminatorias sudamericanas de la confederación del sur de nuestro continente.

La final en Maracaná sería el primer partido que se jugaría con público, medida tomada a partir de la presión de CONMEBOL sobre el ayuntamiento de Río, el diez por ciento de la capacidad del histórico coloso para otorgar un poco de color a una Copa América que perdió en el partido televisivo contra su similar europeo; Argentina y Brasil son los equipos más mediáticos de Sudamérica, el partido necesitaba un marco adecuado y una tribuna vacía no lo es. El invierno sudamericano presentó cada cancha en condiciones complicadas para desarrollar un futbol dinámico, el partido final no fue la excepción; el encuentro resultó ríspido y físico, trabado en la media cancha; se ensució. El partido se iluminó con el gol de Ángel Di María, él y Rodrigo de Paul que trazó el pase que se convirtió en asistencia salieron del guión del encuentro para regalar una pincelada artística; los mejores jugadores del encuentro regalaron a Messi y a la afición argentina que logró llegar en un vuelo, a pesar del cierre de fronteras de su país con las brasileñas, una Copa deseada desde hace casi 20 años, acariciada algunas veces, pero nunca conquistada. Por fin Messi pudo levantar un trofeo oficial con la selección mayor argentina, un justo premio para uno de los dos mejores jugadores del futbol contemporáneo, a la final llegó cansado por haber llevado al equipo en sus botines durante todo el torneo, las estadísticas son impresionantes, parecía la repetición de las finales que el 10 llegaba apagado, en está más presionado que nunca; esta vez tuvo un equipo que le respondió.

En un clima similar al del invierno en Río, se jugaría un día después la final de la Euro, también aplazada por la pandemia y con un formato casi gitano que tendría 11 sedes, Sevilla sería una sede emergente, que culminó con el juego final en Londres. Italia fue el equipo que mejor futbol presento, pero Inglaterra sería local con un Wembley pletórico; los dos equipos anotaron el casi el mismo número de goles hasta antes de su cruce, los italianos golearon en sus primeros partidos, mientras los ingleses anotaron 4 en el juego de cuartos de final. La final no sería un partido lleno de goles, hace mucho que no se ve una así, ninguno de los dos protagonistas recibió goles en la fase de grupos y hasta la semifinal los locales recibieron una sola anotación, por lo que se podía esperar un partido con grandes acciones defensivas y muy cerrado en las dos defensas. Inglaterra tomó distraído al rival, al minuto dos ya ganaban con una jugada muy británica; rapidez, precisión y trazos lagos para cerrar la pinza a segundo poste; la respuesta italiana se hizo esperar, arrebataron el balón a los locales y con mucha paciencia forjaron un tiro de esquina en el que, muy a la italiana, consiguieron el empate que forzó los penales. Donnarumma, portero de Italia, atajó un penal de las dos series a las que llegó su equipo en la contienda continental; se convirtió en el héroe y justo heredero de la portería que perteneció a otro Gianluigi: Buffon.

Terminaron las Copas en tierras lejanas para dar paso a la regional, la Copa Oro. México comenzó su participación con un partido situado cronológicamente entre las dos finales del fin de semana pasada; en el primer juego la Selección Nacional perdió a su mejor jugador en una jugada que raya más allá de lo accidental. México está casi obligado a presentar a su cuadro titular en la justa de CONCACAF, exponiéndolos a sufrir lesiones cuando se juega contra equipos que son rebasados por el ímpetu; mientras Estados Unidos puede presentar un cuadro que no contempla a su generación dorada con el mayor número de jugadores en el futbol europeo en su historia. Ojalá el equipo mexicano pueda terminar con el menor número de lesiones para llegar a la final; el futbol cuenta, y a esta versión del equipo nacional, le ha faltado, sobre todo, gol.



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