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Opinión

Déjà vu

Eduardo Ruiz-Healy

Álvaro Obregón gobernó México de 1920 a 1924 y luego se retiró a la vida privada en su rancho en Cajeme (Sonora). El 25 de junio de 1927, pronunció un discurso para explicar por qué decidió buscar de nuevo la presidencia como el candidato del Centro Director Obregonista, conformado por los partidos Nacional Agrarista, Laborista Mexicano y Nacional Cooperativista.

En su discurso, de casi 6000 palabras, el caudillo explicó que “El programa de la Revolución, hecho ley, no podía desarrollarse naturalmente en cuatro años; era una tarea que requería varios lustros, y a mí correspondía solamente plantearlo e iniciarlo, abarcando sus aspectos substanciales y emprendiendo desde luego la parte que a mí me correspondía desarrollar”.

Luego dijo que desde el primer día de su gobierno “Los intereses materiales de dentro y de fuera del país, acumulados en su mayoría bajo el amparo de privilegios concedidos por la dictadura del general Díaz, movieron sus rotativos y entraron en acción con todos los elementos de que disponían contra un gobierno que rompía con todos los precedentes establecidos, y provocaba, al decir de ellos, un desquiciamiento social. Editoriales de prensa reaccionaria se leían todos los días desvirtuando la verdad y tergiversando los hechos…”.

Más adelante aseguró que “Inauguró Calles su gobierno con singular acierto, pero sin perder ninguna de sus características de revolucionario y socialista” y que “la reacción” buscó distanciarlo de él, pero sin éxito.

Nótese que Obregón definió a sus adversarios tal como lo hace el actual presidente de la República: la reacción, los conservadores, los rotativos, la prensa reaccionaria, los medios de comunicación.

Después expresó que “defraudaría los anhelos de una gran mayoría de la opinión pública” si no aceptara “el alto honor que me han dispensado todas las organizaciones que me han designado como candidato a la Presidencia de la República”.

Luego explicó por qué sí podía de nuevo ser candidato a la presidencia en 1927, tal como lo fue en 1919:

“Nuestra Carta Fundamental establece, y con sobrada razón, que el Presidente nunca podrá ser reelecto (…) y la Constitución lo expresa con toda claridad en su artículo 83 que textualmente dice: ‘El Presidente entrará a ejercer su encargo el 1º de diciembre; durará en él cuatro años, y nunca podrá ser reelecto’ (…) No se trata, por ahora, de ninguna reelección. Es el Presidente el que nunca podrá ser reelecto, y no podría abarcar el concepto al ciudadano que, habiéndolo sido, sea designado de nuevo por sus conciudadanos, para desempeñar el mismo puesto, después de haber disfrutado durante cuatro años de todos sus fueros ciudadanos, y sin tener investidura oficial alguna. Los dos casos son tan distintos, que no alcanzará seguramente la suspicacia de los aliados de la reacción para hacer creer que puedan abarcarse con el mismo vocablo”.

Para complacer al pueblo que le decía “reelíjase, reelíjase”, como se lo pidieron el pasado fin de semana a AMLO en Tabasco, Obregón se vio como un simple ciudadano que podía ser electo, que no reelecto, a la presidencia. Según él, era Calles quien no podía buscar la presidencia en 1928, pero sí en 1932.

Al escuchar a Andrés Manuel tengo un déjà vu. Ojalá nunca pase de eso.

 

Twitter: @ruizhealy

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Instagram: ruizhealy

Sitio: ruizhealytimes.com



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