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Opinión

JAQUE AL REY

José Cárdenas

8M, día que la mujer reclama, otra vez, el fin del patriarcado; voces de lucha para acabar con el pacto machista que pretende acallar reclamos legítimos de justicia contra la violencia, a favor de la igualdad y la no discriminación.

Sin embargo, el presidente se atrinchera detrás de un muro de acero porque lo que más le preocupa no son los 11 asesinatos de mujeres cada día, ni los 6 millones de violaciones y abusos sexuales, ni las llamadas de auxilio por violencia familiar, ni los 5 millones de mujeres que perdieron su empleo por la pandemia, ni la desigualdad de oportunidades, de la cuna a la tumba… ni la impunidad.

No. Lo que más preocupa al presidente es cuidar la fachada de cantera de Palacio y el mármol de los monumentos históricos.

Las murallas no se pusieron para proteger a las mujeres sino para provocarlas, exacerbarlas e inhibirlas. Para mandar el mensaje de que las protestas feministas no nacen del pueblo bueno; se encapsula en el fantástico universo de la conspiración conservadora en su contra,
importada del extranjero con fines perversos, dice él.

El gobierno tiene una visión aldeana de la realidad. No entiende que las mujeres están enojadas; que el feminismo es una profunda revolución social de las conciencias contra violencia de toda índole causada por hombres dominantes contra mujeres sometidas a la obediencia ciega. Vejadas. Sin espacio para el diálogo.

A fin de cuentas, las murallas de Palacio y monumentos históricos resultaron idóneos para gritar, pintar, romper, marchar y plasmar un memorial de la rabia feminista. Un bofetón que pone en jaque a la 4T.



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