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Opinión

Agronitrogenados: tal vez nadie resulte culpable

Eduardo Ruiz-Healy

Apenas se bajó del avión que lo trajo extraditado desde España el 17 de julio pasado, el exdirector de Pemex Emilio Lozoya, acusado de diversos delitos relacionados con los casos de la constructora brasileña Odebrecht y de la compra de Agronitrogenados, fue internado en el lujoso hospital Ángeles del Pedregal dizque porque presentaba síntomas de anemia y problemas en el esófago.

Días después fue dado de alta y como las acusaciones que lanzó contra otros exfuncionarios priistas y panistas no fueron acompañadas de suficientes pruebas documentales, la FGR le solicitó a un juez federal un plazo de seis meses para concluir la investigación. El juez aceptó y, mientras se cumplía el plazo, se fue a su lujosa casa en el Pedregal de San Ángel, en la CDMX, con un brazalete electrónico y con la obligación de presentarse cada 15 días al juzgado para demostrar que no ha huido, como lo hizo en 2019 cuando se fugó a Europa. Lozoya nunca ha comparecido personalmente ante el juez, siempre lo ha hecho virtualmente.

Y anteayer, apenas se bajó del avión que también lo trajo extraditado desde España, el magnate Alonso Ancira Elizondo igualmente dijo sentirse mal, aparentemente por una descompensación hipoglucémica. A diferencia de lo que ocurrió con el exfuncionario, el exdueño de Altos Hornos de México (AHMSA), acusado de lavado de dinero derivado de la venta de Agronitrogenados a Petróleos Mexicanos durante la gestión de Lozoya, no fue remitido a un lujoso hospital, sino que pasó la noche en una ambulancia y bajo custodia policiaca.

Habrá que ver si el juez también le da el beneficio de irse a su casa para desde ahí enfrentar el proceso que se sigue en su contra.

Es curioso, pero en ambos casos los acusados enfermaron tan pronto pisaron el suelo del país del que se fugaron para evadir la acción de la justicia y vivir como potentados en casas de su propiedad en Europa. Tanto Ancira como Lozoya en España y éste también en Alemania.

Se dice que la residencia en donde pasa sus días el exdirector general de Pemex, bebiendo vino pese a su padecimiento esofágico, fue adquirida con algo del dinero que le dejaron los negocios turbios de los que se le acusa. También las que tiene en Europa.

Ancira aparentemente tenía mucho dinero antes de venderle a Pemex, en 273 millones de dólares, la planta chatarra de Agronitrogenados que apenas valía, según el presidente Andrés Manuel López Obrador, no más de 50 millones, pero que por instrucciones de José Manuel Carrera Panizzo, el entonces director de P.M.I. Comercio Internacional –subsidiaria de Pemex–, el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales la valuó como si llevara 14 años funcionando, cuando en realidad durante ese periodo estuvo cerrada y abandonada.

Han transcurrido siete años desde que se realizó la compraventa impugnada y supuestamente fraudulenta. Apenas empieza un proceso que tomará mucho tiempo y que, como muchos otros casos similares (Gordillo, Raúl Salinas, Granier Melo, etc., etc., etc…), podría terminar sin que nadie sea declarado culpable.

Recordemos que Ancira y Lozoya, al igual que otros políticos y empresarios influyentes del pasado, están acusados de fraude pero no de ser tarugos.

 

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