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Opinión

Será muy difícil para Biden unir a los estadounidenses

Eduardo Ruiz-Healy

Hoy, en punto de las 12 del día, hora del Este de EEUU, Joe Biden asumirá la presidencia de su país, el cual está hoy dividido como no lo había estado desde que entre 600 000 y un millón de personas murieron durante la Guerra Civil que, de 1861 a 1865, enfrentó a 25 estados de la Unión Americana contra 11 que conformaban el efímero país denominado Estados Confederados de América.

Desde que derrotó a Donald Trump en la elección de noviembre pasado, el demócrata ha insistido en que su deseo es unir a los estadounidenses; sin embargo, le será muy difícil lograrlo durante los cuatro años de su gestión que hoy inicia.

Algunos han dicho que Trump se encargó de dividir a sus gobernados, pero eso no es cierto; él solo se encargó de ampliar las profundas fisuras que desde siempre, por una razón u otra, han dividido a los habitantes de su país.

Por medio de sus tuits y palabras, el magnate inmobiliario que sorpresivamente ganó la elección presidencial de 2016 exacerbó los sentimientos racistas, sexistas, clasistas, chauvinistas, nacionalistas, proteccionistas y aislacionistas de millones de personas.

Cuando el 16 de junio de 2015 anunció su candidatura, se fue contra México y los mexicanos. Imposible olvidar cuando en su discurso dijo: “‎¿Cuándo venceremos a México en la frontera? Se ríen de nosotros, de nuestra estupidez. Y ahora nos están venciendo económicamente. No son nuestros amigos, créanme (…) Cuando México envía a su gente, no está enviando a los mejores. Está enviando gente que tiene muchos problemas y están trayendo esos problemas con nosotros. Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas (…) construiré un gran, gran muro en nuestra frontera sur. Y haré que México pague por ese muro”.

Así inició su gobierno, explotando para su beneficio los sentimientos antimexicanos, antichinos y antimusulmanes de una gran parte de ciudadanos.

Y así se la pasó durante cuatro años, hasta que el 6 de enero, incapaz de aceptar su derrota electoral frente a un hombre que desprecia, ordenó a miles de sus seguidores reunidos en Washington –la mayoría de ellos supremacistas blancos– atacar el Capitolio para tratar de impedir la certificación de los resultados del proceso electoral que le tocaba realizar al congreso estadounidense y obligar a que una mayoría de senadores y representantes, amenazada por los insurrectos, le concediera la victoria que fue incapaz de obtener en las urnas.

La polarización que hoy caracteriza a la sociedad estadounidense es tal que, de acuerdo a una encuesta realizada en septiembre pasado por Pew Research, “los votantes que apoyan tanto a Trump como a Biden dicen que sus diferencias van más allá de las políticas y 80% de los primeros y 77% de los segundos dicen que no están de acuerdo sobre los valores estadounidenses fundamentales que sostienen los que apoyan al candidato contrario al de ellos”.

‎Si Biden logra de alguna manera reunificar y pacificar a algunos de sus conciudadanos, aunque sea un poco, será un avance, pero para ello necesitará de la cooperación de los políticos demócratas y republicanos que, además de estar enfrentados, están divididos entre ellos mismos.

No resta más que desearle suerte al nuevo presidente.

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