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Opinión

Para los populistas, los científicos son enemigos del pueblo

Eduardo Ruiz-Healy

De acuerdo a la encuesta realizada en noviembre por AZ2, que dirige Juan Azcárraga, en México, el 32% de las personas no se quieren vacunar contra el COVID-19, lo que podría indicar que han surtido efecto las campañas basadas en mentiras contra las vacunas y que, gracias a las redes sociales, se han esparcido como un virus tan letal o más que el SARS-CoV-2.

El 68% de los mexicanos que sí desean vacunarse es un porcentaje mayor al 60% de los estadounidenses que también se vacunarán apenas esté disponible una vacuna, de acuerdo con una encuesta también realizada en noviembre por Pew Research. En ésta, 40% manifiesta que no se vacunará.

De acuerdo con estos datos, puede afirmarse que es muy probable que, por diversas razones que no se dan en nuestro país, en Estados Unidos hayan sido más exitosas que en nuestro país las campañas antivacunas.

Es indudable que los políticos populistas, gobiernen o no un país, son en gran parte responsables por crear esta desconfianza en las vacunas. Después de todo, en su afán de dividir a los habitantes de sus respectivos países entre los buenos y los malos, han incluido a los científicos en su larga lista de los enemigos del pueblo y, como los científicos son quienes desarrollan las vacunas, es lógico desconfiar en lo que hacen.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump y los conservadores más extremos de su partido se han encargado de desprestigiar a científicos como el Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Anthony Faucci, quien es reconocido como uno de los mejores médicos inmunólogos del mundo.

Para mostrar su desprecio hacia Faucci y otros como él, el presidente saliente decidió hacerle más caso a Scott Atlas, un médico radiólogo sin experiencia o estudios en los campos de la inmunología, virología, infectología, alergología, neumología y salud pública.

Para Trump, la falta de conocimientos de Atlas es poco importante, en cambio, le resulta relevante su ideología conservadora, su manifiesta oposición al plan de salud conocido como Obamacare, su posición a favor de la inmunidad de rebaño como mejor acción contra el COVID-19 y sus críticas contra las propuestas de Faucci y otros científicos para combatir la pandemia, como son el uso de cubrebocas, el distanciamiento social y el lavado constante de las manos.

Como uno de los voceros del equipo presidencial anticovid, Atlas politizó aún más la discusión en torno a las mejores formas de detener la propagación del coronavirus y hasta envió un tuit pidiéndoles a los ciudadanos actuar contra los gobiernos estatales que impusieran medidas restrictivas para detener el avance de la enfermedad.

Aduciendo diversas razones, Atlas renunció el 1 de diciembre después de generar aún más desconfianza en los estadounidenses.

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha asumido otra estrategia, que consiste en decir que sí le hace caso a los científicos y más cuando éstos son los que no se atreven a contradecir sus opiniones o decisiones. Así, los médicos menos calificados para encargarse del combate a la pandemia son los que hasta ahora han diseñado y operado una estrategia fallida, incapaz de prevenir que desde el 18 de marzo hasta hoy, hayan muerto casi 115 000 personas; en promedio, unas 420 diarias.

 

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Sitio: ruizhealytimes.com



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