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Opinión

La realidad del COVID-19

Paola Rojas

En México, según cifras oficiales, más de cien mil personas han muerto por COVID-19 y los contagios ya superan el millón. De acuerdo a un ranking publicado por Bloomberg, somos el peor país para vivir en la era de la pandemia.

Aún cuando Estados Unidos nos supera en número de muertes y contagios, las autoridades recomiendan a sus ciudadanos no venir a México por el alto riesgo de contagio.

¿Qué está pasando realmente? ¿Cuál es la situación en nuestros hospitales?

Entrevisté a trabajadoras de la salud entregadas a esta dura causa. María de Jesús Espinoza es una enfermera chiapaneca que vino a la Ciudad de México con su colectivo para protestar por la falta de insumos, medicamentos y equipo. Me dijo que “la llegada del Covid desnudó la situación de Chiapas y seguramente de todo el país”. Agrego que los equipos de protección y los tratamientos no llegan a tiempo, no son suficientes y no tienen calidad. Las consecuencias en su sector han sido fatales: mil trabajadores de la salud contagiados y 52 fallecidos solamente en su estado. “No somos héroes, somos ciudadanos con familias que necesitamos apoyo para hacer bien nuestro trabajo y salvar vidas.”

Miroslava es enfermera del Hospital General Regional Dr. Carlos Mac Gregor del IMSS. El escenario que plantea no es nada esperanzador. Me compartió lo mismo que me han dicho otros trabajadores de la salud a lo largo de estos meses, que en su hospital no hay ni los insumos básicos. Lo más crítico es la carencia de sedantes. Sin ellos no es posible intubar a los pacientes graves. ¿De qué sirve contar con camas y con respiradores, si estos no pueden utilizarse? Miroslava considera al Covid-19 como una bala perdida. Se queja de que la población se relajó y los enfermos llegan al hospital muy delicados y con muy pocas posibilidades de sobrevivir.

Son ya muchos meses atendiendo a pacientes graves. Al cansancio físico acumulado hay que sumar el dolor emocional. El personal de salud ha perdido a familiares y a muchos compañeros. Viven conscientes del riesgo al que están expuestos permanentemente. No pueden solos, necesitan de todos. Por eso no debemos bajar la guardia. El covid, aún con la promesa de la vacuna, está más agresivo que nunca. Hay que extremar cuidados. Muchas vidas dependen de ello.



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