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Opinión

Devolver al pueblo lo robado… y la tranquilidad también

Leonardo Curzio

Las explicaciones de la tragedia nacional se erosionan a ojos vista. La cifra de homicidios dolosos (revelada la semana pasada) demuestra que, por más mañaneras, abrazos, disculpas, saludos y acusaciones en forma de declaraciones presidenciales o libros en contra de Calderón y García Luna, las cosas, en este país, no cambian. López Obrador lleva dos años en la presidencia y 29 meses (pues empezó a girar instrucciones desde julio del 2018) con el liderazgo político más centralizado y abrumador de los últimos tiempos y el número de homicidios sigue siendo el mismo que al inicio de su mandato. ¿Cuándo se van a ver resultados?

Si se analiza el número de personas asesinadas en el país constataremos que en 2015 el promedio era cercano a los 1600 homicidios al mes y en los últimos dos años, el promedio ha sido cercano a 3000. Le podremos dar las vueltas que queramos, pero la cifra resuena en la memoria de todos los que siguen con un mínimo de distancia analítica el fenómeno. No volveré sobre las construcciones político-propagandísticas que intentan explicar el baño de sangre como producto de decisiones de gobiernos anteriores. Dándolas por buenas no hay manera de explicar lo que está ocurriendo ahora sin cuestionar la estrategia vigente.

Cada vez es más difícil (para infortunio de este país) defender, desde una postura independiente, que la estrategia de López Obrador está surtiendo efecto. La idea del mando único presidencial, que se ha mantenido como fuerza de la nueva concepción, no parece estar dando los resultados esperados. Levantarse temprano y despachar con el Gabinete de Seguridad no ha arrojado una reducción de los homicidios. La cifra está allí y en lo que va del sexenio de la 4T, llevamos alrededor de 60,000 homicidios. Los programas sociales, a los que se imputan tantos efectos positivos, no han tenido incidencia en este ámbito. Más allá de la curiosidad peridística me pregunto ¿de qué hablarán en las reuniones a temprana hora? ¿de las perlas de ideología que cada vez pueblan más las mañaneras o de lo mal que lo hicieron los otros? ¿Habrá un análisis autocrítico de la actuación gubernamental que hasta ahora no ha conseguido dar los resultados que prometió?

Yo supongo que en la intimidad del Gabinete no se creerán sus propias consignas. Me preocupa, eso sí, que el número de homicidios, igual que los más de 100,000 que han muerto por la pandemia, se convierta en un elemento suplementario de victimismo del gobierno, en lugar de ser un incentivo para corregir y mejorar sus políticas a partir del análisis concreto y desprejuiciado de sus propias cifras. Matar en este país parece ser cosa menor. Impunidad Cero ha demostrado que cerca de 9 de cada 10 asesinatos no tienen consecuencia y me pregunto entonces ¿por qué éste no es el tema de discusión más importante del país? El porcentaje de impunidad habla de la intrascendencia de un gobierno que parece obstinado en glorificarse y justificar sus actuaciones.

Quitemos el nombre de López Obrador, pongamos el de cualquier otro presidente y pensemos en 60,000 homicidios con un porcentaje de impunidad cercano al 90%. ¿Es un desempeño aceptable? La epidemia de violencia que vive el país no es un tema de derecha ni de izquierda, es una calamidad que nos está desangrando y es evidente que este gobierno no ha tenido fórmulas convincentes ni eficaces para contener esta hemorragia. En materia de homicidios estamos a la deriva, como decía José Ramón Cossío que estamos con la pandemia. Tenemos un gobierno que solo sabe decirnos que los anteriores lo hicieron mal y criticar a sus críticos, pero claramente no parece tener rumbo definido.

Sabemos que una vida no la devuelve ni Dios. Sabemos asimismo que al pueblo se le debe devolver lo robado… y también la tranquilidad. Nos prometieron que lo iban a pacificar… Paciencia.



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