Opinión

Por un México sin discriminación

Paola Rojas

En 2003 se creó el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación con la tarea de construir políticas públicas que generaran condiciones de igualdad. Entre sus esfuerzos destacan el impulso a favor del respeto a los derechos de las trabajadoras del hogar, las personas con discapacidad, la población indígena y la comunidad LGBTTTI. Gracias al CONAPRED contamos con la Encuesta Nacional sobre Discriminación, que nos permite tener un diagnóstico claro sobre el fenómeno.
 Se trata de una institución austera en la que colaboran académicos y defensores de los derechos humanos con una gran convicción a favor de la igualdad. Aún cuando es parte de la Secretaría de Gobernación, el legado de su fundador Gilberto Rincón Gallardo, le permite tener una Asamblea Consultiva Ciudadana cuyo peso en las decisiones es equivalente al de los funcionarios de gobierno.
Fue precisamente esa asamblea ciudadana la que respaldó el trabajo de Mónica Maccise, luego de que le pidieran la renuncia como titular del organismo. La asamblea pidió que se revalide el trabajo que hace esta institución, en un país en el que hay un aumento de la violencia, maltrato a los migrantes, agresiones a mujeres, a  periodistas y hasta a jueces. Un México con una “violencia estructural y sistemática, sobre todo en contra de las minorías”, según describió en entrevista Mauricio Merino. Él mismo planteó que “no se trata solamente del enojo en contra de quien era la titular del Consejo por invitar a un foro a Chumel Torres, se trata de desmantelar a las instituciones dedicadas a defender los derechos humanos.” Merino formó parte del CONAPRED desde hace una década. Nunca cobró un peso por ello. La semana pasada dijo que no puede concebir la transformación desde la intolerancia y presentó su renuncia a la asamblea consultiva del Consejo. Se fueron también Katia D’artigues y Regina Tamés.
Gilberto Rincón Gallardo, siempre combatió desde la izquierda a favor de las minorías. Nacido con una malformación congénita, su lucha lo llevó incluso a estar en prisión. En el 2000 se convirtió en candidato a la presidencia. Fue precisamente en un debate entre aspirantes a ese cargo que pronunció algo que hoy cobra una nueva vigencia:
“Se les olvida que el cambio en México no puede ser obra de un solo individuo, se les olvida que el cambio no tiene dueño. Solo podremos lograrlo si impedimos que un solo individuo decida por todos. El verdadero cambio radica en acabar con las exclusiones, que nadie vuelva a dejar fuera a las minorías políticas, a las mayorías sociales, a todos los que expresan el México diverso.”

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