Opinión

El Gabinete

Columna de Leonardo Curzio del día 2 de marzo

Pasan los meses y la tendencia presidencial a ocuparse de casi todos los temas se profundiza. En vez de cumplir la función directiva de un gabinete en el que tiene algunas figuras muy solventes, el Presidente se convierte en el director de orquesta que toca casi todos los instrumentos salvo el de política exterior. Es tan expansivo el campo gravitatorio de la presidencia que tiende, erróneamente, a percibir que todo lo que ocurre en el país, que no tenga origen en Palacio Nacional, es en detrimento de su gobierno y motivado por sabrá Dios que fuerzas oscuras. Es claro que el primer mandatario no tiene cerca a alguien que dimensione que no todos los problemas que surgen en el día a día pueden enfocarse como un desafío político. Le falla seriamente el encuadre de los temas.

Un ejemplo de encuadre erróneo es el enmarcar la tragedia de Fátima como resultado de una política que privilegiaba -dijo el Presidente- la obtención de dinero. Ese enfoque no solo es improcedente sino disfuncional. Sigo sin entender como el violar y matar a una niña pueda tener alguna rentabilidad económica como si la tienen el huachicol y el narcotráfico. La clave política puede ayudar a muchas cosas, pero no para explicar tragedias que han conmovido a la opinión pública. En estos casos, es obvio que el jefe del Ejecutivo podría descansar en el gabinete y permitir que Durazo o Sánchez Cordero, articulen una respuesta coherente y no tener que sufrir ese desgaste argumental que, aunque pueda ser apoyado por su equipo de sonorización en las redes sociales, no deja de ser equívoco. Incluso a sus seguidores más devotos les cuesta seguir la lógica de que todo parece remitirse al centro de una disputa política por la nación. 

Hoy el país es comandado por él. Ha logrado controlar las instituciones hasta el punto de que la Comisión de Derechos Humanos hace las veces de requinto de su política electoral. Pero lo que no puede ser, al mismo tiempo, es el entrenador, el portero, el delantero y el jefe de la porra. Distribuir balones le sería muy útil y ayudaría a entender mejor muchas cosas, entre ellas, por qué la economía sigue estancada. Tantas fotos con la cúpula empresarial no desembocan en un mejor clima de inversión. Un gabinete más activo podría explicar, tal vez, que la falta de atención a las pequeñas y medianas empresas se debe a que cerraron, en la Secretaría de Economía, la ventanilla que las atendía. Una Secretaría de Turismo más contundente ayudaría a que la insensatez de cancelar los fines de semana largos no prosperara. Tener el poder y la facultad administrativa no significa que uno tenga razón y, nuevamente, al Presidente le falla el encuadre cuando intenta replantear el descanso de la gente bajo la óptica de la religión cívica que quiere restaurar.  El coronavirus no es un legado de Maximiliano y los conservadores, es un problema práctico que, por cierto, sus funcionarios están tratando de manera apropiada. Por tanto, en vez de enojarse y echar culpas a diestro y siniestro, debería mantener la línea técnica y no tratar de politizar el asunto de la epidemia. Hablar críticamente de lo que ocurrió en 2009 supongo que pone nervioso a su secretario de Relaciones Exteriores, quien fue el Jefe de Gobierno encargado de tomar las primeras medidas restrictivas para contener aquel virus. En consecuencia, no le da puntos políticos tratar de ganar algo en un tablero estrictamente técnico.

Secretarios fuertes y gabinetes temáticos actuantes permitirían al mandatario encuadrar apropiadamente los problemas, hacerle ver que hay cosas que tienen capacidad, pero no voluntad de generar problemas al gobierno y que el ser un gigante político no te hace competente en todas las materias de la conducción gubernamental. En los ámbitos en los cuales ha cedido el terreno a los técnicos puede comprobar sus resultados. Por ejemplo, la reducción de los números del programa “Permanecer en México” permiten comprobar que el dilema sobre el tercer país seguro se esté desvaneciendo. Una lectura atenta de El Universal (que visiblemente no hace el Presidente, porque de otra manera no se justificarían los comentarios del jueves) permite compulsar que los éxitos de su gabinete tampoco son apropiadamente ponderados por él. 

Trabajar en equipo no merma su autoridad y sí puede ayudar a que el país esté mejor gobernado y menos polarizado.

@leonardocurzio

 

Columna publicada originalmente en El Universal.

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