Opinión

¡Hasta siempre Parka!

Opinión de Rafael Ayala

“No hay novia fea, ni muerto malo”, refrán colombiano.

Y es que cada que alguien pierde la vida (atleta, figura publica, político, o simple persona de a pie), nos deshacemos en elogios, señalamos sus virtudes, cuestionamos a quien se atreve a criticarlo y destruimos cualquier intento de critica o comentarios negativos. Después de todo hay que honrar la memoria del finado. Y por supuesto, en el caso de La Parka no es la excepción.

La gran virtud de Jesús Huerta Escoboza fue haber llevado el personaje de La Parka a otro nivel, el de la consagración. Luego de haber personificado con éxito a Karis La Momia, Escoboza tomo el lugar de Adolfo Tapia Ibarra (L.A. Park), quien hasta 1996 había dado vida a la huesuda. A partir de esa fecha comenzaba una rivalidad interminable entre ambos luchadores, así como un crecimiento meteórico por parte de la nueva Parka.

Si bien, sus habilidades en la lucha no eran consideradas tan amplias como las de Tapia, el verdadero sello de Huerta fue su carisma, su click con el publico y las audiencias televisivas y su facilidad en el trato, mismos que lo posicionaron rápidamente en el gusto del público, sobre todo en un sector olvidado en esa época; los niños.

No había pequeñito que no imitara su baile de entrada (al son de Thriller, de Michael Jackson), mismo que se convirtió en su rúbrica y su carta de presentación durante toda su carrera. La Parka fue uno de los tres luchadores más taquilleros de la primera década del nuevo siglo, junto a Místico y el Perrito Aguayo.

Leyenda, figura, monstruo o súper estrella, cada quien es libre de llamarlo como guste, lo que es un hecho es que este fin de semana la lucha libre perdió a uno de sus consentidos, a una de sus joyas, al que sin duda podríamos considerar el luchador más carismático del siglo XXI y que deja un hueco muy difícil de llenar. ¡Hasta siempre Parka!

 

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