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Opinión

Claroscuros

Mario Ávila Roque

Hace cuatro años, Héctor Astudillo, llegaba al gobierno del estado de Guerrero en medio de la peor crisis que pueda recordarse para esa entidad; el enfrentamiento de los normalistas en la carretera cuando incendiaron una gasolinera y murió un trabajador.

Obviamente el caso de los 43, manifestaciones, el palacio legislativo incendiado y la desarticulación en los tres poderes.

Hoy, si bien es cierto que la inseguridad sigue siendo un factor, también lo es que la situación ha cambiado dramáticamente.

Se recuperó el arribo de cruceros, las tres convenciones más importantes del país y eventos de alto impacto.  La afluencia turística creció.

Política y socialmente el panorama es más favorecedor.  En giras y pese a su diversidad partidista, el gobernador recorre año con año los 81 municipios que conforman la entidad y se ha invertido en más de dos mil escuelas mejorando su infraestructura.

Todo esto también es parte de la realidad de Guerrero y no hay por qué soslayarlo.



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