Sin aval de Twitter

CONTRAATAQUE DEPORTIVO - Opinión de Rafael Ayala

¿Qué sería de la historia sin los grandes monstruos del deporte? Aquellos que han superado el paso del tiempo gracias a sus hazañas, que van más allá de títulos, récords o simples victorias. Nombres como Michael Schumacher, Pelé, Michael Jordan, Roger Federer, Jesse Owens, Nadia Comaneci o Jackie Robinson, quienes no solo trascendieron por sus logros, sino por haber roto barreras, dominado su disciplina o estar adelantados a su época.

En la historia existen cerca de 80 campeones mundiales de peso completo, sin embargo, al citarlos por su nombre difícilmente recordaremos más de 30, quizá unos 20 y nada más. ¿Por qué? porque simplemente recordamos a los que trascienden, a los que van más allá de la simple estadística y se quedan en el colectivo popular.

Este fin de semana despertamos con una noticia bomba, de esas que son capaces de opacar un partido de futbol a nivel selección, los resultados de las series de campeonato de las Grandes Ligas o la cartelera tradicional del box sabatino. Vaya, de esas que hacen que todo mundo se vuelva experto y voltee a colapsar las redes sociales con su sapiencia y conocimiento.

Eliud Kipchoge se convirtió en el primer ser humano en romper la barrera de las 2 horas en una prueba de maratón. Sí, el keniata registró 1 hora 59 minutos 40 segundos en un circuito trazado en la ciudad de Viena. Esto significa que el maratonista tuvo que correr cada uno de los 42 kilómetros y 195 metros, a una velocidad de 2´50” por km; algo así como 17.08” por cada 100m.

Gesta heroica, sobrehumana, histórica, de otro planeta. Así rezaban algunos titulares de la prensa especializada, quienes hacían hincapié en la capacidad atlética del keniata, quien es además dueño de la marca mundial de maratón (2 horas 1 minutos 39 segundos), conseguido en Berlín 2018.

Sin embargo, había algo que no coincidía, el colectivo popular comenzó a cuestionar la veracidad de la marca. Y es que la inmensa mayoría no se explicaba por qué los “que llegaron con él a la meta” no la habían cruzado al mismo tiempo. Afortunadamente la rápida explicación de los expertos reales hizo entender el concepto de “liebres” -como se les conoce a esos acompañantes que marcan el ritmo y cortan el viento a la estrella-.

Hablar de trampa por contar con “ayuda tecnológica y de liebres” es tan osado y absurdo, como festejar que nadie te pudiera vencer en las maquinitas de la farmacia de la esquina. Basta recordar que todos, absolutamente todos los deportes, tienen ayuda tecnológica que va desde trajes de baño que prácticamente se deslizan sobre el agua, bicicletas ultraligeras, pelotas y balones capaces de adquirir efectos endiablados. Todos, menos las carreras pedestres, que solo pueden presumir de zapatos más cómodos y, en este caso, de un auto que le marcaba con una luz verde si su ritmo de carrera era el adecuado.

No se trata de que le den una medalla, para eso existen otro tipo de competencias donde por cierto ya tiene las más importantes: oro olímpico y oro en campeonato mundial. Se trata simplemente de que cuando en 30 años la gente se pregunte quién fue el primer ser humano en romper la barrera de las 2 horas en la prueba de Maratón, la historia y la justicia deportiva le hagan honor a un keniata de 57 kilos llamado Eliud Kipchonge, sin importar que los expertos de Twitter no lo hayan avalado.

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