Opinión

Resiliencia en peligro de extinción

Por Camila Gómez Díaz Barreiro

En su mayoría, el fenómeno migratorio se ha proyectado como un fuerte reto al que se enfrentan los Estados. La incapacidad de regularlo lo ha acusado de alterar el orden en la vida pública, amenazar el sector laboral, agudizar la inseguridad y promover la discriminación. Especialmente en el caso de Japón, donde existen problemáticas inherentes al sistema que en gran medida podrían ser resueltas con la migración. Bajo una nueva óptica, el país del sol naciente tendría la oportunidad de revertir una realidad marcada por un explotado sistema de salud que responde al acelerado envejecimiento de la población aunado a la baja tasa de natalidad. En otras palabras, los temidos migrantes visten una capa de héroe que hasta el momento permanece invisible.

El aislacionismo practicado por Japón a lo largo de su historia es un factor clave para comprender el alto nivel de desarrollo derivado de la autosuficiencia. Se trata de un país que se levantó solo más de tres veces. Que, aunque por la fuerza articuló un esquema dominado por la paz, este llegaría para quedarse. La resiliencia se tornó su sello por excelencia y se vio reflejado en la capacidad de reconfigurarse tras conflictos bélicos y fenómenos naturales. No obstante, hubo uno que no solo no se previó, sino que a su llegada sacó a relucir el arraigado nacionalismo japonés que se consolida bajo la homogeneidad. El fenómeno migratorio de los últimos cinco años se topó con la misma pared de acero que se ha mantenido arriba siglo tras siglo.

Esta vez, algo es distinto y aquel muro lo empieza a sospechar. De incrementar, el 1.9% de extranjeros que habita Japón podría equilibrar la balanza poblacional que hasta ahora se mantiene estática inclinada hacia la vejez. Según datos oficiales emitidos en 2018, tres de cada diez japoneses tienen más de 65 años. 

En este sentido, la baja tasa de fertilidad, el estancado sistema laboral y los roles de género agravan la realidad e incrementan las posibilidades de atrofiar una nación que merece otro desenlace. Bajo el contexto presente, el sistema de salud debe hacerse cargo de la avejentada población mientras la económicamente activa se cansa cada vez más rápido y a su vez encuentra pocas señales de ser sustituida. 

El pasado mayo comenzó una nueva era marcada por la abdicación del emperador Akihito por su avanzada edad y la entrada del príncipe Naruhito. Reiwa es el nombre del nuevo periodo, mismo que se traduce a “orden, armonía y paz.” Según el primer ministro Shinzo Abe, debe interpretarse como “el nacimiento de una civilización donde los seres conviven en armonía”. 

Sin duda, conservar las cuotas de recepción de migrantes que rozan el suelo es la fórmula para el estancamiento. Si bien se han implementado medidas para reclutar mano de obra barata en sectores no calificados, falta mucho por hacer. La armonía a la que se refiere el primer ministro debe traducirse en la apertura hacia el exterior que conciba al migrante como un candidato para enmendar el sistema nipón. De otro modo, la resiliencia que históricamente le ha caracterizado, dejará de funcionar cuando no haya personas para asumirla. 

 

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

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