Opinión

La vida no tiene precio

Por Camila Gómez Díaz Barreiro

El camino hacia la tercera década del siglo es aterrador en materia ambiental. La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha advertido sobre las implicaciones de la evasión de obligaciones a nivel Estatal, local e individual. El alza de las temperaturas, la destrucción de ecosistemas, la creciente contaminación en el aire y el agua, amenazan a millones de seres vivos todos los años. Sin embargo, esta vez se ha esclarecido una nueva correlación: más pronto que tarde, el cambio climático atentará contra la vida política. 

Aquellos que pertenecen a las clases socioeconómicas más bajas sufrirán los efectos primero. Es una realidad que la carencia de recursos para enfrentar los fenómenos derivados del calentamiento global es una gran desventaja. Un reporte de la ONU publicado esta semana, plantea que aunado a lo anterior, este grupo verá prontas afectaciones en los sistemas democráticos y en la práctica de sus derechos humanos. 

¿Por qué? 

Según Philip Alston, especialista en pobreza extrema y derechos humanos, el cambio climático amenaza con deshacer los últimos 50 años de progreso en desarrollo, salud global y reducción de la pobreza. Por otro lado, indica que impactará con más fuerza a los países en vías de desarrollo, así como a las regiones y lugares donde viven o trabajan las personas de bajos recursos. Alston asegura que en respuesta a lo anterior, el cambio climático acentuará la inseguridad, la pérdida de ingresos y las enfermedades; llevando a más de 120 millones de personas a la pobreza para el año 2030. 

En este sentido, una crisis de gobernanza (por la incapacidad de proveer seguridad social y acceso a alimentos, atención médica, vivienda y trabajo digno) no sólo es uno de los escenarios posibles, sino que se trata de uno de los más probables.

Bajo el contexto actual, los intereses privados seguirán inclinando la balanza Estatal hacia el incumplimiento de su responsabilidad: reducir las emisiones de carbono y destinar financiamiento para la preservación del medio ambiente.

No existe un punto medio: las políticas públicas que benefician a los negocios vinculados con los porcentajes más altos de emisiones continuarán rezagando a los más vulnerables. Empero, llegará el momento en el que ni los retornos más grandes podrán hacer frente al caos ambiental; entonces habremos entendido que la vida no tiene precio.

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

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