Opinión

Deconstrucción Internacional- Mucho que escuchar

Camila Gómez Díaz Barreiro

Magia, trucos, genios y lámparas

Si ya viste la nueva película de Disney sabes de que te estoy hablando. Se trata de la última versión de Aladdín, la cual logra mucho más que detonar la nostalgia de los noventa. Sin duda, la música y la animación hacen un trabajo increíble; sin embargo, hay algo que no solo logró captar mi atención, sino que se convirtió en el elemento digno de un Oscar- si bien no de la Academia, sí del resto del mundo.

Advertencia: si todavía no has visto la película, deja de leer y corre al cine a descubrirlo tú mismo.

Aladdín logra el balance perfecto entre el apego al guión original y la adaptación al contexto internacional. Aunque la historia se mantiene, el valor que se le adjudica a los personajes es distinto. Especialmente a Jasmín, quien pasa de ser una princesa en aprietos salvada del aburrimiento, a una líder con ideas progresistas. Al lograr su objetivo, pavimenta el desenlace en el pueblo ficticio de Agrabah, originalmente inspirado en Irak. Es así como la versión de Guy Ritchie refleja un contexto social evolucionado.

Históricamente, la población iraquí se ha visto afectada por altos niveles de violencia y desigualdad. La represión que deriva del conservadurismo gubernamental y los característicos conflictos armados de la región, por años han definido la realidad cotidiana. Lamentablemente, a ello se le suma la inequidad de género la cual reduce las oportunidades educativas y médicas que tienen las mujeres, así como el acceso al mercado laboral.

Actualmente, Irak atraviesa una etapa de transición. De la mano de ONU Mujeres y Oxfam, el gobierno trabaja en la reconstrucción post ISIS. Asimismo, se ha puesto en marcha la Visión para Irak 2030, misma que integra una realidad género equitativa.

Esta vez, Aladdín la expone al pie de la letra. Jasmín no se define a la sombra del personaje principal; asume un papel igual de importante. En consecuencia, tiene metas propias que alcanzar que a su vez se reflejan en el bienestar colectivo, utilizando su privilegiada posición para actuar a favor de los derechos del pueblo.

Veintisiete años después, Disney apuesta por contar una historia más consciente que responde a la evolución de la sociedad iraquí. Una historia en la que no se señala el carácter vitalicio de la llegada del príncipe azul para alcanzar la felicidad. Una historia en la que hay espacio para atributos femeninos más valiosos que la belleza. Una historia, que sorprende al espectador con el estelar de un personaje que en el pasado solamente fungía como pivote.

Es innegable que la producción original respondía a la época, una década que con esfuerzo comenzaba a observar los cimientos de la equidad de género. Bajo esta lupa, es natural que la última versión apunte el reflector a la figura femenina con la misma fuerza que lo hace hacia la masculina. Es otra forma de mostrarle a las nuevas generaciones que hombres y mujeres se paran hombro con hombro en la lucha por un entorno donde la paz, los derechos y la estabilidad sean los ejes principales.

 

Aladdín tiene mucho que contar; y como comunidad internacional, nosotros mucho que escuchar.

 

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

 

 

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