Opinión

Deconstrucción Internacional- El método Trump

Camila Gómez Díaz Barreiro

Si hay algo que como país jamás te convendría, es ser enemigo de Estados Unidos. En el caso de Irán, la relación bilateral ha sido complicada desde el principio. Se trata de un historial marcado por crecientes tensiones inauguradas en 1979 durante la Revolución de la República Islámica, sentando las bases de un futuro inestable.

Con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la relación tomó un respiro. En el 2015 junto con otras potencias alcanzaron un acuerdo que limitaba el desarrollo nuclear al tiempo que eliminaba las sanciones impuestas. La ardua labor de reconciliación bilateral fue rápidamente destruida por el presidente Donald Trump, quien primero prohibió la inmigración de iraníes y después se retiró del pacto nuclear en 2018 asegurando que Irán no lo respetaba, a pesar de que la Unión Europea confirmó lo contrario.

Actualmente, las presiones van en aumento. El llamado internacional de Estados Unidos para reforzar la imposición de restricciones a Irán al considerarlo “una amenaza;” la acusación de lanzamiento de misiles iraníes en desafío de la ONU y apoyo a grupos extremistas, la presencia militar de EE. UU. en el Golfo Pérsico, así como la incorporación de las fuerzas armadas de Irán a la lista estadounidense de organizaciones terroristas, pareciera que tiene un solo objetivo: detonar la guerra.

¿Cuál es el verdadero interés estadounidense detrás de la ruptura de una relación parchada que apenas se lograba mantener de pie?

Es importante reconocer que la actuación de Trump replica con exactitud el papel que jugaron dos de sus antecesores. Bill Clinton en 1995 cuando impuso una prohibición completa del comercio e inversión con Irán en respuesta a su programa de desarrollo de armas nucleares, y George W. Bush en 2002 cuando agregó a Irán a la lista conocida como “El Eje del Mal” la cual agrupaba a los países promotores del terrorismo.

En este sentido, la intención inicial es la misma: asfixiar mediante presiones económicas y diplomáticas cualquier intento nuclear iraní. Pero entonces ¿por qué se salió Estados Unidos del pacto que resolvía ese asunto? La respuesta está en el objetivo principal: orquestar un cambio de régimen en Irán y tener la libertad de recurrir hasta a la última instancia para lograrlo, incluso si eso significa amenazar con usar su propio poderío nuclear.

En abril del presente año, el secretario de Estado de EE. UU. Mike Pompeo comunicó: “tenemos cuidado en no emplear el lenguaje de cambio de régimen” y agregó que Trump “no va a hacer un ejercicio militar dentro de Irán (…) “nuestra misión es darles la oportunidad, la capacidad de crear oportunidades, proporcionar apoyo a la transición (…) nuestro mejor interés es un grupo no revolucionario de líderes que dirijan Irán.

Sin embargo, a pesar de la insistencia bélica de John Bolton (asesor de seguridad de Trump que desempeñó el mismo papel en la administración de Bush durante la guerra con Iraq) y las violentas advertencias del presidente, se debe señalar la inviabilidad de los costos y repercusiones de una posible guerra con Teherán. Además, el número vidas perdidas en la lucha por una causa exagerada e innecesaria es algo que el Congreso de Estados Unidos difícilmente estaría dispuesto a respaldar de nuevo.

Durante décadas, meter la nariz en regímenes ajenos ha sido el sello de la agenda estadounidense de política exterior. Esta vez, el método Trump es deslindarse de la misma responsabilidad nuclear que exige a Irán para maquillar su verdadera intención, ya sea bajo el término “cambio de régimen” o “apoyo a la transición,” con o sin guerra.

¿Se saldrá con la suya?

 

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

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