Opinión

“Dios salve a la Reina”

En pleno siglo XXI, ¿es obsoleto el papel de la monarquía inglesa? Opinión de

Esta semana, el nuevo miembro de la Familia Real de Reino Unido puso al mundo de cabeza. Archie Mountbatten-Windsor, es el resultado de una serie de alteraciones a la tradición de la realeza. La mezcla racial y cultural de Harry y Meghan es solo el principio; el modus vivendi que han decidido adoptar no ha parado de causar revuelo. Desde las violaciones al protocolo, hasta la reforzada privacidad que practican. Frente a una pareja que llegó para romper esquemas es inevitable cuestionarse: en pleno siglo XXI, ¿es obsoleto el papel de la monarquía inglesa?

Más de tres cuartos de la población de Reino Unido están convencidos que incluso en el 2019, año que ha marcado hitos históricos progresistas en materia de derechos humanos, equidad de género y oportunidades laborales, hay cabida para la descendencia de una Familia que heredó el poder y todos sus lujos en el siglo X. ¿El secreto? El liderazgo de la Soberana.

“Larga vida a la Reina”.

Parece que la monarca Isabel II se ha tomado esta frase literal: se trata de la persona que más años ha durado en el trono soberano en la historia universal. Si bien tiene 93 años, en febrero de 2019 cumplió 67 como Reina. Además de su admirable estado de salud, la enorme aprobación pública la mantiene de pie todos los días. Para saber cómo lo consigue, es necesario comprender su trayectoria.

La Reina fue coronada en 1952 tras la muerte de su padre, el Rey Jorge VI, quien había asumido el trono en 1936 tras la abdicación de su hermano, Eduardo VIII. Dado el abrupto cambio en la línea de sucesión, la figura de Isabel fue recibida con grandes expectativas. Para sorpresa de muchos, pronto hizo más que dar el ancho. La monarca ya contaba con una trayectoria seguida de cerca por los reflectores durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enlistó en el Servicio Territorial Auxiliar de Mujeres. También había desempeñado funciones de jefe de Estado a sus 18 años, comunicando desde entonces, su compromiso con el pueblo inglés.

A través de los años, estratégicamente condujo un reinado marcado por coyunturas políticas altamente relevantes para Reino Unido y el mundo. La transformación hacia el Commonwealth frente al periodo de descolonización de África y el Caribe, la entrada a la Comunidad Económica Europea y la aceleración de la globalización. En un cambiante sistema internacional, algo se lograba mantener estable: la templanza de la silla Real.

Desde el 2016, Reino Unido atraviesa un futuro incierto. Brexit, o la posibilidad de abandonar la Unión Europea está cada vez más cerca. Sin embargo, como lo ha hecho siempre, la Reina se mantiene alejada del descontento ligado a la incertidumbre política. Aunque dentro de sus obligaciones radican numerosas facultades como la designación y destitución del primer ministro, el poder de convocar y disolver el parlamento, de llamar a la guerra y a la paz o ratificar tratados, su papel continúa siendo un símbolo aspiracional. Una imagen inalcanzable que representa la grandeza histórica de Reino Unido. Que a pesar de haber sido designada para el puesto y recibir una “Subvención a la Soberana” que ronda en 76.1 millones de euros anuales de acuerdo con el Reporte Financiero Oficial 2017-2018 (además de sus ingresos privados) logra el respaldo de más del 80% de la población.

Sin derecho al voto o a expresar su inclinación política, la Reina conserva la aprobación pública involucrándose en eventos culturales, diplomáticos y de beneficencia. Es entonces la cara de la tradición, de lo que funciona, beneficia al país y lo mantiene fuerte a nivel internacional. Frente a la figura de la primera ministra y promotora de Brexit, Theresa May, símbolo de fragmentación e inestabilidad nacional, resulta fácil imaginar por qué la Reina se lleva todas las palmas y banderitas de bienvenida.

Si bien la monarquía inglesa goza de lujos impensables para la mayoría, quienes defienden su existencia explican que atrae una buena cantidad de dinero al país. Se calcula que su contribución anual a la economía inglesa es de 1.8 billones de euros, unos 550 millones al ser la principal atracción turística, así como un aumento en el comercio de 150 millones de euros al año gracias a la representación diplomática de la Familia Real en el mundo. Sin embargo, al tratarse de la quinta economía más grande del mundo, con un PIB de 2.8 trillones de euros en 2018, la participación de los Mountbatten-Windsor debe ponerse en perspectiva.

Mientras la Reina sea percibida por el grueso de la población inglesa como un emblema de estabilidad y progreso, difícilmente se modificará la monarquía constitucional. Mientras represente la fusión entre el orgullo tradicional y el ideal nacional, la familia Real seguirá siendo respaldada. Finalmente, mientras se mantenga estratégicamente distante de aquello que fragmenta al pueblo y cuidadosamente cerca de lo que lo une, continuará escuchando “Dios Salve a la Reina”.

Camila Gómez Díaz Barreiro
@camilagomezdb

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