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Opinión

SPOILERALERT: Avengers Endgame, dinero y decepción

La tan esperada y vendedora película de los hermanos Russo es francamente mala

Avengers: Endgame es una horrible película.

Su trama básica parece sacada de un libro de cuentos para niños de cuatro años. No solo es un compilado de aventuras imposibles, sino francamente babosas, viajes en el tiempo de “ya nos hicimos chiquitos y ya llegamos”; personajes duplicados, explicaciones “científicas” autocontradictorias y dos o tres chistes payasones, aderezados con momentos “especiales” de algunos personajes que solo los fans entendemos.

No es una película amable para el espectador común. Y los fans, decididos a vivir sí o sí su fantasía, se autoconvencen que han visto un buen producto.

Hay que contextualizar: el universo Marvel siempre se colapsa. Demasiados personajes, demasiado crecimiento. Después de cierto tiempo, la trama es inmanejable, hay que terminarla, hacerle el “endgame”, para así comenzar todo de nuevo.

A veces es por negocio, como en 1984, cuando interesados por la oferta de Mattel para hacer una serie de muñecos de sus productos, Marvel decidió unificar su universo en un evento especial llamado “Las Guerras Secretas”. Todos los personajes -héroes y villanos- fueron transportados a un planeta donde se agarraron a guamazos unos contra otros sin piedad.

El método es parecido: se recurre a un “supervillano” (en Guerras Secretas era “The Beyonder”, en Endgame es Thanos) que tiene un plan universal y macabro que casi acaba con todos los superhéroes de un jalón.

Aquí surge la primera carencia de Endgame: la ausencia de los villanos de Marvel: El Duende Verde, Dr. Octopus, Ultrón, Kingpin, El Arenero, etc. brillan por su ausencia, haciendo de estas tramas finales un universo muy reducido. Es Thanos contra todos.

Pero en esta nueva entrega Thanos se debilita desde los primeros 20 minutos. Una vez vengados, Los Vengadores deciden hacer otra tontería y reescribir la historia, por necios, viajando a… donde se les pegue la gana y cuando se les pegue la gana a través de un método francamente idiota. Podría decirse que toman el Metrobús.

Así comienzan casi tres horas de las peores escenas de esta brillante saga de películas: con soluciones de película del Santo (“hay que viajar al Infierno, Santo”; “haré lo que sea necesario, Inspector”), pero sobre todo con aburridísimas secuencias de diálogos y “caídas morales” de los personajes, en un panorama que no coincide con el planteamiento original (con el “plan maestro” de Thanos, la Tierra debería ser abundante, no apocalíptica.)

Me concentraré en la plática de Thor con su mamá. (¡Ay Dios, un spoiler! Bah, como si importara.) Sencillamente ridícula, innecesaria, traicionera del espíritu del personaje, que parece estar ahí porque Renee Russo necesitaba su tiempo de pantalla y los managers negociaron bien.

El problema es concentrar cuantipersonaje Marvel (menos los villanos, insisto que es una gran pérdida) en una historia lógica. Tal vez por eso los creadores tomaron la decisión de usar la menor trama posible y concentrarse en guamazos, “momentos” y “guiños” para fans, mientras los espectadores con cierta seriedad nos jeteamos en la butaca.

Allá van mis ciento veinte pesos a la basura, pero qué buena mercadotecnia: mil 200 millones de dólares. Ninguna otra película había rebasado la barrera de mil millones en su fin de semana de estreno y ésta rompió esa barrera con creces, gracias al tsunami de 21 películas previas y una venta final impecable.

Después de esto nada volverá a ser igual. Comenzarán con películas de cada personaje y reescribirán la historia. Pero siempre quedará el estigma de haber cerrado una epopeya de brillantes proporciones con un final de telenovela de domingo.

¡Ah! Y al final se muere…

 



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