Opinión

Un chiste sin gracia

La historia comprueba que las consecuencias de un mandatario elegido desde el arraigo emocional pueden tornarse graves

Adolf Hitler, Hugo Chávez, Donald Trump.

Líderes que alcanzaron el poder personificando la voluntad de la mayoría. Todos ellos elegidos por las masas desde la pasión, evitando la vía racional. Grandes oradores, peligrosos gobernantes.

Es innegable el alcance que tienen las emociones en la política. El vínculo que logra con el pueblo, quien asume la tarea de dirigir un país, es clave para comprender la gobernanza y explicar grandes cambios en el sistema internacional.

Nada lo representa mejor que el caso de Volodymyr Zelensky, un actor de comedia que recientemente fue electo como presidente de Ucrania.

Si no te convence el poder de las emociones en el ámbito político, lo que sigue probablemente te haga cambiar de opinión.

Durante años, Zelensky se dedicó a ser comediante en un programa en el que desempeñó el papel de un civil que denuncia la corrupción, la pobreza y el abuso de poder y más adelante se convierte en presidente.

Aunque es difícil de creer, con cero experiencia en la política y ningún plan concreto de gobierno, el 23 de abril el actor realmente ganó las elecciones presidenciales de Ucrania con el 73% de los votos.

Seguramente te estás preguntando cómo le hizo. Es simple: personificó tan bien el papel en su programa Servidor del Pueblo, que ese discurso ficticio de pronto cobró vida propia.

Mediante risas y lazos emocionales se fue ganando el corazón de los ucranianos, quienes más tarde se convirtieron en fieles votantes para ayudarle a alcanzar la presidencia; pero esta vez en vida real.

Es impresionante lo que las emociones son capaces de lograr bajo el contexto adecuado.

En la política, lo observamos todos los días: apoyo ciego, pasional e impulsivo a líderes peligrosos que buscan acceder al poder con la capa de héroes. Líderes a los que les queda grande el puesto por lo que recurren a suavizar con palabras, disimular con rodeos y tapar con sonrisas.

La historia comprueba que las consecuencias de un mandatario elegido desde el arraigo emocional pueden tornarse graves.

Hoy se trata de un comediante a cargo de un país entero.

¿Un chiste sin gracia? Ya veremos.

 

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

 

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