Opinión

Deconstrucción Internacional- Un paso adelante

Deconstrucción Internacional, por Camila Gómez Díaz Barreiro

El incendio en la icónica catedral parisina Notre Dame, causó gran revuelo a nivel internacional. En pocos minutos, los videos de las flamas desapareciendo la estructura que data del siglo XII recorrieron los cinco continentes. La riqueza histórica y el valioso significado que se le atribuye, captaron la atención de millones de personas que lamentaban lo acontecido. Sin embargo, entre las respuestas que surgieron destacó una: la completa disposición por parte de individuos, grupos y gobiernos para reconstruir lo destruido. Exactamente el tipo de compromiso que el planeta necesita para reparar el daño que durante siglos hemos provocado. ¿El problema? No lo tenemos.

Durante miles de años, la humanidad ha corregido sus prácticas logrando superar hasta sus propias expectativas en tecnología, medicina y ciencia. Todas las civilizaciones que han pasado por el Planeta Tierra han ido un paso adelante de la anterior, perfeccionando sus dinámicas, procedimientos y medios para alcanzar el fin último: vivir mejor. Hoy en día, los avances que se registran en el mundo eran inimaginables hace unos años y el impacto ambiental que conllevan, también.

No cabe duda que el incendio de Notre Dame fue una desgracia. Es innegable que el voluntariado del sector privado y la intención del público sean indispensables y atinados para emprender la reconstrucción de la catedral. No obstante, es precisamente en estos momentos cuando hay que voltear a ver la enorme movilización social que se generó alrededor del mundo, para comprender que esta surgió frente a la posibilidad de una pérdida del patrimonio de la humanidad. Una pérdida que aunque fue producto del error humano, bajo la misma condición humana, el daño se hizo consciente y la acción para mitigarlo se desató enseguida.

En menos de 24 horas, el caso de Notre Dame logró reunir un total de 700 billones de euros para su restauración. A nivel local, nacional e internacional el incidente despertó tal impresión, que desde individuos hasta bancos y gobiernos extranjeros comunicaron su millonaria aportación para recuperar lo desaparecido y reparar lo dañado.

Si un evento nacional echó a andar este grado de iniciativa urbi et orbe, sería ingenuo pensar que los efectos del cambio climático provocado por el calentamiento global que nuestro estilo de vida genera, no sean suficientes para conseguirlo también. En este caso se trata de un “incendio” que no cesa. Un “incendio” que no solamente arrasa con una estructura sagrada, sino con un planeta entero. Arrasa con los recursos naturales, con los ecosistemas y con nosotros mismos. Más aún, arrasa con la posibilidad de las generaciones futuras de habitar un sistema como el que conocemos.

Una vez más, es necesario ir un paso adelante. Pero esta vez para frenar la destrucción que nuestros hábitos producen. Los esfuerzos en solidaridad con el pueblo francés son admirables; repliquémoslos en materia ambiental.

Por décadas, los intereses Estatales y empresariales han obstaculizado el compromiso que se requiere para lograr un cambio. Las metas del milenio y la Agenda de Naciones Unidas de Desarrollo Sostenible son obsoletas ante la indiferencia del resto del mundo.

Empieza tú y observa cómo todo cambia a tu alrededor.

 

Camila Gómez Díaz Barreiro

@camilagomezdb

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