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“Brasil no debe ser el eterno país del futuro”

Brasilia.- Brasil, con su fantástica exuberancia e infinitos recursos naturales, está entre los países más ricos del mundo, donde los brasileños son aún más pobres si se compara su renta “per cápita” con naciones africanas menos favorecidas, por ejemplo, con tanto oro y petróleo.

Por eso es que a los ciudadanos les resulta casi imposible aceptar que su economía está enferma y, bajo esa premisa, al ministro de Economía, Joaquim Levy, se le pide que recupere la vieja y desgastada economía nacional con inspiración y creatividad.

En una apuesta que los expertos consideran absurda, parece difícil que la presidenta Dilma Rousseff prescinda de él, ya que si con él encuentra dificultades dentro y fuera de su Partido de los Trabajadores (PT), dentro y fuera de su gobierno, sin él, la nave de la economía naufragaría sin remedio.

“Entraríamos en aguas más tempestuosas, ya que en su operación de rescate, los funcionarios del gabinete económico tienen puestos los ojos también en los inversionistas brasileños y extranjeros”, afirma Milán Álvarez Alpaca, asesor del Banco de Brasil de origen peruano.

Sin embargo, Levy no es un personaje -aseguran quienes lo conocen mejor como Álvarez Alpaca, economista con larga residencia en Brasil-, dispuesto a fracasar, acostumbrado como está a triunfar.

Se le exige al ministro que rehaga la economía sin que se le permita apostar por un modelo nuevo, menos ideologizado que el fracasado y más realista del momento, en que Brasil pretende recolocarse en el escenario mundial.

Se le pide que haga el milagro de sacar a flote la economía sin usar sus “manos de tijera” –que le ganaron ese apodo- o se le exige que las use más para ampliar impuestos que para acabar con el despilfarro de Brasilia.

Como practicante del judaísmo que le viene de familia, él podría recordar un versículo bíblico, que afirma: “Nadie remienda con un paño nuevo un vestido viejo, pues el rasgón se haría mayor”.

En vez de poder participar en la creación de un modelo nuevo de traje económico, Levy parece rechazar remiendos, y mejor sería -apuestan no pocos analistas económicos-, que lo dejaran actuar como propone.

“Ganarían todos, dice Álvarez Alpaca, empezando por los más pobres, ya que son siempre ellos los primeros en perder cuando la economía zozobra”.

Ganaría el gigante Brasil, que después de haber sentido el gusto de ser el país del presente al inicio del siglo XXI, se vería, como advierte el analista económico del Financial Times, Martin Wolf, obligado a seguir en una actitud conformista.

“Brasil no debe ser el eterno país del futuro”, escribió el especialista, tomando como base un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), en el cual la renta ´per cápita´ de Brasil se coloca en el lugar 77 entre los 80 países más ricos del mundo.

Brasil aparece con 12 mil dólares (en 2014, con sólo 8.536) por debajo de Chile, 19.475, México 15.93, España 30.620, Portugal 23.185, por no hablar de Estados Unidos con 51.248.

Brasil necesita, con Joaquim Levy o sin él, producir más, despilfarrar menos y distribuir mejor su riqueza, de acuerdo a lo dicho por el economista peruano-brasileño, conocedor de una realidad compleja; pero gobernable.

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