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Megalópolis post COVID-19 será más participativa: Sheinbaum

En entrevista con Le Monde, la jefa de gobierno de la Ciudad de México explicó los cambios que habrá tras la pandemia de COVID-19.

La Jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum ofreció una entrevista al periódico Le Monde en la que explicó diversos aspectos de la capital del país en el contexto de lo que se ha llamado la “nueva normalidad”.

A continuación se reproduce la entrevista realizada en el corazón de la Ciudad de México, en los pasillos del palacio colonial que alberga el Ayuntamiento y que están desiertos durante el pico de la pandemia de COVID-19. Claudia Sheinbaum, la edil de la capital mexicana, recibe visitas en una gran sala de reuniones vacía.

Allí, la científica de 57 años, de izquierda y militante ecológica, sigue en una pantalla gigante la movilidad urbana y los centros de contagio en tiempo real de un país que optó, desde finales de marzo, por un confinamiento voluntario y, desde principios de junio, por un desconfinamiento gradual, mientras que los contagios y las muertes continúan en aumento en el área metropolitana del Valle de México (53 896 casos confirmados y 5 867 muertes al 10 de junio, o un tercio de la escala nacional).

Ella responde a las preguntas de Le Monde sobre el futuro post COVID-19 de una megalópolis dotada de tecnologías avanzadas pero afectada por la falta de agua corriente.

Desde hace tiempo, la concentración urbana ha representado una ventaja para una capital como la de México. ¿Esto no se ha convertido en una trampa frente a la crisis de Covid19?

Las virtudes de las grandes ciudades se revelan como vulnerabilidades frente a tal virus. Nuestra capital concentra casi 9 millones de habitantes, 22 millones con los 59 suburbios del vecino Estado de México. Nuestra urbanización no tiene fronteras. La pandemia aún menos. Con 6 millones de viajes diarios en circunstancias normales, el metro es un foco de contagio. Todos los días, los pasillos de nuestra Central de Abasto [centro de suministro] – las naves de mercado más grandes de América Latina – son deambulados por 500 000 personas, de las cuales 90 000 trabajan allí. La crisis también es social: la mitad de la población trabaja en la economía informal. La mayoría de los difuntos por Covid19 padecían de condiciones crónicas como diabetes u obesidad. Afortunadamente, la capital cuenta con la mejor red de hospitales del país.

El presidente Andrés Manuel López Obrador – AMLO- es del mismo partido de izquierda que usted. Él optó por un confinamiento voluntario, ¿por qué?

AMLO y yo creemos en la conciencia de los habitantes para tomar por sí mismos las medidas necesarias de sana distancia. En cualquier caso, era imposible imponer el encierro obligatorio. Nuestra policía está ocupada por la inseguridad, que no se detuvo a pesar de la emergencia sanitaria. Aquí, del 40% al 50% de las personas viven al día de la economía informal, es imposible sumergirlos brutalmente en la miseria.

Así que tomamos medidas con antelación, invitando a los residentes a quedarse en casa a partir del 23 de marzo, un mes antes de entrar en la etapa 3 de contagio con la aceleración de la epidemia. Cerramos las escuelas primero, luego bares, cines, teatros…

¿Funcionó tu estrategia?

Sí. Estamos aproximadamente al 75% de nuestra capacidad hospitalaria. En cuanto a la movilidad, bajó entre el 60% y 70% en la ciudad. Esto nos permitió aplanar la curva de contagio para tener hospitales menos saturados. Los habitantes son personas informadas: el 90% tiene un teléfono móvil, el 60% está en Facebook. Esta es la ventaja de ser una ciudad muy conectada.

¿Qué papel han jugado las tecnologías para convencer a los habitantes de que se apeguen a las medidas de confinamiento?

Lanzamos un programa de diagnóstico remoto. Los pacientes nos contactan primero por mensaje de texto (SMS). Si se confirman los síntomas, un médico los llama para orientarlos hacia los centros de atención disponibles o para enviar una ambulancia a domicilio para casos graves. Los pacientes leves permanecen entonces en casa. Les enviamos un kit sanitario a domicilio (cubrebocas, termómetro, oxímetro, paracetamol, etc.) y una asistencia financiera de 1 000 pesos.

Este programa es administrado por nuestro centro de monitoreo remoto de última generación [C5]. Sus 23 000 cámaras de alta definición, distribuidas por toda la ciudad, no se utilizan solamente para la circulación vehicular o la seguridad. Más allá de las emergencias, el C5 identifica también las concentraciones humanas. Una patrulla de policía es entonces enviada al sitio para recordar las medidas de sana distancia y de confinamiento. También creamos una aplicación de teléfono móvil, llamada “App CDMX”, que proporciona información sobre la disponibilidad del hospitalaria en tiempo real. La Ciudad de México es la segunda ciudad en el mundo, después de Moscú, en número de terminales para conexión gratuita a Internet.

¿Qué opina usted de las aplicaciones de trazabilidad del paciente, como StopCovid, que se está debatiendo en Francia?

Tenemos un acuerdo con Google Maps y con Waze, lo mismo con las compañías telefónicas. Pero no se trata de espionaje, solamente de indicadores de movilidad colectiva de los habitantes. Aquí también, el uso de un sistema de mayor trazabilidad individual para los pacientes suscita polémica. Los riesgos de violaciones de privacidad son altos. Tal vez se ofrecerá la aplicación, pero únicamente de uso voluntario.

¿Cómo se verá la megalópolis “Post COVID-19”?

La primera lección concierne la necesidad tener un sistema de salud más robusto. La crisis nos recordó que la salud es un derecho y no una mercancía. Está en el espíritu de la “economía moral” que propone AMLO. Una economía que no deja que el mercado gobierne solo. La megalópolis del mañana será también más participativa. Es una convicción democrática. Con las redes sociales estamos en contacto directo con los ciudadanos. Sin necesidad de los medios. Nuestra comunicación es diaria y transparente sobre la gestión de la crisis sanitaria. Pero, se trata especialmente de una relación de responsabilidad mutua entre el gobierno y los ciudadanos.

Estoy en contacto diario con el Gobernador del Estado de México. Nuestra zona urbana común requiere que coordinemos nuestra capacidad hospitalaria. Esta relación permanente, que va más allá de las diferencias políticas, continuará para el manejo de otros males. Primeramente, los problemas de agua relacionados con un sistema acuífero defectuoso. ¿Cómo pedir a las personas que se laven las manos si no tienen acceso al agua corriente en casa? Hemos ya aumentado el número de trayectos de pipas de agua de 400 a 1 600 por día.

¿Qué debería cambiar tras el COVID-19?

La movilidad. Es claro. La crisis ha demostrado que podemos organizarnos para reducir el tráfico automovilístico. Vamos a crear otras ciclovías. Pero nuestra prioridad sigue siendo el transporte público. Las desigualdades sociales también son ambientales: las largas distancias y fuertes desniveles impiden el uso de la bicicleta en la inmensidad de la ciudad. En estos días comenzamos la construcción de un trolebús: un autobús eléctrico suspendido [a 5 metros de altura] en los distritos populares del oeste de la ciudad, desatendidos. Una primicia mundial. En el lado del teletrabajo se deberá continuar, especialmente para empleados del ayuntamiento.

Tenemos que gestionar las peculiaridades locales. Nos gustaría establecer calles lentas (slow streets) en contra del virus. Sin embargo, estas calles peatonales, que permiten la distancia, son verdaderamente posibles sólo en ciudades bien cuadriculadas. Nuestra urbanización es demasiado anárquica. Más bien, planeamos crear espacios verdes, benéficos para el medio ambiente pero también para la salud psicológica y física de los habitantes.

La Ciudad de México está muy involucrada en la red global de ciudades que luchan contra el cambio climático, el C40. ¿Se acentuará aún más su papel de actor internacional de las megalópolis?

Ante la emergencia, el desafío es encontrar el delicado equilibrio para reducir el número de personas hospitalizadas y de muertes sin afectar de más la economía de millones de familias. Pero también necesitamos construir una “nueva normalidad” con el tiempo. Se ha hablado mucho sobre la adaptación de las ciudades al cambio climático. La crisis de Covid-19 nos muestra que necesitamos ir más lejos, con un desarrollo sostenible mejor adecuado a las crisis sanitarias. No volveremos a nuestra vida antes del COVID-19. Estamos entre la espada y la pared, para mal o para bien. Está en nosotros construir un futuro mejor.

Con información de Le Monde.

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