México

Mensaje Presidente Felipe Calderón. Aniversario del Natalicio de Morelos y Pavón

MORELIA, Mich., 30 de septiembre de 2012.

Palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, durante la Ceremonia Cívica Conmemorativa del CCXLVII Aniversario del Natalicio del Siervo de la Nación, Don José María Morelos y Pavón, que tuvo lugar en este municipio.

Señor licenciado Fausto Vallejo Figueroa, Gobernador del Estado de Michoacán.

General Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional.

Almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina.

Diputado Víctor Silva Tejeda, Presidente del Congreso del Estado.

Magistrado Alejandro González Gómez, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Michoacán.

Licenciado Wilfrido Lázaro Medina, Presidente Municipal de Morelia.

Señor Rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Distinguidos Legisladores.

Distinguidos Presidentes Municipales.

Distinguidos invitados especiales.

Amigas y amigos:

Hoy, en el CCXLVII Aniversario del Natalicio del inmortal José María Morelos y Pavón, Michoacán y México entero nos unimos para honrar la memoria de uno de los más grandes hijos de México.

Agradezco, profundamente, al Comité de las Fiestas Patrias, al Gobernador del estado y al Alcalde de la ciudad por esta distinción, de ser orador en esta Ceremonia Cívica Conmemorativa del Natalicio de José María Morelos.

Estamos aquí, para rendirle homenaje al Insurgente, al estratega militar, al líder político, al Legislador, al estadista, al héroe nacional. Al patriota sin par que enarboló para nosotros y para siempre las banderas de la libertad, la igualdad, la justicia y la soberanía, que conducirían a la Patria a su mejor porvenir.

Lo hacemos aquí, en esta Valladolid que, precisamente, en su honor y como testimonio de gratitud y orgullo, es hoy nuestra Morelia, y a la que el prócer se refiriera así: Donde yo nací, es el jardín de la Nueva España.

Por eso, la sola evocación de Morelos es, sin duda alguna, uno de los mayores signos de la identidad y de la unidad de los michoacanos. Y no es fortuito que esta tierra abrigara su nacimiento, porque, aquí, no sólo nació este gran hombre, sino nacieron las ideas libertarias de la Patria. Porque ésta, la Valladolid nuestra, fue, también, la cuna ideológica de la Independencia.

Porque fueron, primero, los jesuitas Alegre y Clavijero, los que esparcieron las ideas libertarias que venían de la Ilustración europea.

Y aunque expulsados de la Nueva España, en 1767, bajo la consigna de que el pueblo nació para callar y obedecer y no para opinar ni discurrir sobre los altos asuntos del Gobierno, sus ideas inasibles a las rejas de prisión alguna siguieron desperdigándose y contagiándose por las calles, las bibliotecas particulares, y por las aulas de algunos profesores de aquella época.

En el Seminario Tridentino, hoy Palacio de Gobierno, estudiaron patriotas e independentistas, como los hermanos Nicolás y Mariano Michelena; José María Izazaga y Mariano Abasolo.

En el colegio de San Nicolás estudió nuestro gran José María y, allí mismo, fue Rector Miguel Hidalgo y Costilla.

En Valladolid, también, se fraguó la conspiración para llevar a México a la Independencia, descubierta en 1809; pero habría de proseguir la idea de la libertad, su obra, en la de Querétaro, en la que participaba el propio Hidalgo, y que culminó con el llamado épico a la libertad, el 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores.

Siendo cura de Carácuaro y Nocupétaro, en Tierra Caliente, Morelos escuchó el llamado libertario de Hidalgo, y lo alcanzó en Charo para ponerse al servicio de las tropas Insurgentes, como capellán.

Mejor que capellán, será usted General, le dijo don Miguel Hidalgo, y le envío al Sur a conformar un Ejército libertador.

Al separarse en Indaparapeo, Morelos ya llevaba la consigna de la causa que él convertiría en Patria nueva. Así, Morelos salió después de Carácuaro, con 25 hombres, para escribir una de las páginas más gloriosas de nuestra Gesta de Independencia.

Formó a un Ejército de patriotas, en el que destacaron hombres de la talla de Mariano Matamoros, de Hermenegildo Galeana, de Leonardo y Nicolás Bravo y sus hermanos; de Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria. Y, gracias a ellos, venció en batallas por toda esta región, desde aquí, desde Valladolid, hasta Oaxaca. En las de Veladero, en Tixtla, en Huajuapan, en Orizaba, en Acapulco, en Taxco, en muchas otras.

Con estos insignes capitanes, tomó ciudades claves de aquel imperio, como Oaxaca, Chilpancingo, Cuautla y la propia Acapulco. Sin otra cosa más que su fe en esta causa, formó un extraordinario Ejército en el Sur. Y aquel arriero calentano, devenido en sacerdote de modesto curato, se convirtió en un estratega militar descomunal.

También, en uno de los más grandes estadistas que haya visto la tierra de América, porque Morelos fue más lejos que el propio Hidalgo. Porque Morelos no proclamó y luchó por la Independencia, sino que, además, bosquejó, por vez primera, el diseño político de la nueva Nación y la dotó, por supuesto, de una nueva Constitución.

Los principios que estableció Morelos siguen siendo, hoy, pilares de la República: La división de Poderes, la soberanía emanada del pueblo y no del rey, la igualdad ante la ley. Y, por eso, hemos de reiterar que, si Hidalgo es el Padre de la Patria, Morelos es el Padre del Estado mexicano.

Así, a la muerte de Hidalgo, la lucha libertaria continuó gracias al valor y la convicción inquebrantable de aquellos hombres.

Decía el Presidente Francisco I. Madero, que el Partido Independiente tuvo como jefe a un gran general, a un patriota magnánimo, a un ciudadano que sabía respetar la ley.

Al gran Morelos, figura que sobresale a pesar de haber vivido en una época en la cual tuvo la Patria tantos héroes a su servicio.

Es cierto. El Generalísimo Morelos fue un brillante estratega militar, pero estadista en toda la extensión de la palabra, porque comprendía que la causa de la Independencia requería instituciones leales a los hijos de esta noble tierra para que los mexicanos dejaran de ser súbditos y se convirtieran, por vez primera, en ciudadanos libres.

El Siervo de la Nación sabía que era imprescindible forjar un nuevo Estado y un Estado forjado en el fuego de la ley. Un Estado de Derecho, porque sólo así garantizaría la igualdad y la libertad de todos los mexicanos.

Por eso, en 1813, llamó a conformar un Congreso en Chilpancingo, y el 14 de septiembre de aquel año, en sesión solemne, entregó a los diputados los Sentimientos de la Nación, con los principios que debían regir a la Patria: Independencia, soberanía radicada en el pueblo, división de poderes, igualdad, buen gobierno, abolición de la esclavitud. Sentimientos de la Nación que, claramente, lo eran, pero eran, también, los sentimientos de Morelos.

Que la esclavitud se prescriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud. Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, que lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario.

Él tenía muy claro que en la fortaleza de las instituciones y en la lealtad que los mexicanos les dispensáramos, México se jugaba su futuro. Y, por eso, protegió, incluso, con su vida, el Congreso, hasta que éste pudo decretar la Constitución de Apatzingán, también, en nuestras tierras, el 22 de octubre de 1814. Así, en Michoacán, surgió, también, la primera Constitución de un México independiente.

Y tras esa hazaña, el acoso de los Realistas lo obligó a acompañar al Congreso a fin de protegerlo, aún a pesar de haber sido agraviado y tratado con mezquindad por su propio Congreso, Morelos escogió defender su lento avance, en lugar de poner él mismo a salvo su vida y la de sus tropas.

Y en cumplimiento de esa riesgosa misión, de la protección del Congreso, porque quizá consideraba que en ello iba fecunda la nueva vida de la Patria, fue cercado por el enemigo en Temalaca, y ante aquel peligro, no pensó nuevamente en sí mismo, sino en poner a salvo a los Legisladores, cosa que logró, pero él fue apresado y conducido a la Ciudad de México y, posteriormente, llevado a Ecatepec, en donde fue fusilado.

Antes de su sacrificio inminente, Morelos todavía proclamaría: Cada criatura tiene una misión sobre la Tierra. Yo quería la Independencia de mi Patria y luché por ella. No me arrepiento de lo que he hecho por ese ideal.

Y poco antes aún, en prisión, se le atribuye una carta a uno de sus hijos, en la que le expresa con sentimiento y vehemencia: Morir es nada cuando por la Patria se muere.

Estas palabras siguen cimbrándonos y siguen haciendo temblar profundamente nuestro orgullo michoacano. Sí, porque es un orgullo haber nacido en el mismo suelo que vio nacer a un héroe inmortal de la talla de Morelos.

Es un orgullo que de Valladolid hayan brotado las ideas de libertad e Independencia, y que la primera Constitución de nuestro México haya visto la luz en nuestra tierra, gracias al Siervo de la Nación.

Las lecciones que el generalísimo dio a los mexicanos no están meramente en los sitios históricos, no se quedan en el bronce de las estatuas, como de esta genial ecuestre que llevamos todos en nuestra memoria. Que no están en los museos. No residen en el manuscrito que se conserva de los Sentimientos de la Nación, no están en la espada que de él se guarda, sino que viven en lo más profundo del ser nacional, están en nuestros sueños y nuestros ideales; en nuestros principios y valores, en nuestro esfuerzo por construir un México distinto y mejor.

Hoy, a casi dos siglos y medio de su nacimiento, el ideario del Siervo de la Nación está más vivo que nunca. Su anhelo por consolidar un régimen republicano y representativo tiene plena actualidad. Sus fundamentos siguen siendo Independencia, soberanía popular, división de Poderes, legalidad, buen Gobierno e igualdad.

Fue, don José María Morelos y Pavón, es y será siempre el más ilustre de los michoacanos. Quien vislumbró, antes que nadie, el México del futuro, y trabajó hasta morir por alcanzarlo.

Fue el arquitecto del sistema político que le da cauce a la energía transformadora de la sociedad. Por eso, su gran legado nos reclama a todos, no sólo memoria, sino también compromiso. Reclama valentía e imaginación, decisión y acción.

Y la mejor forma de honrar su memoria, es cumpliendo, a cabalidad, los sueños por los que ofrendó su vida.

La mejor manera de evocarlo, es perseverar en el empeño de construir una Nación de ciudadanos, en donde nos miremos siempre iguales unos a otros. La mejor manera, precisamente, es redoblar esfuerzos que nos permitan darle tributo, en la medida en que mejoremos la calidad de vida de los mexicanos que menos tienen.

La mejor manera, será luchar, sin descanso, por un México donde imperen la ley y la justicia y donde, precisamente, siempre haya una ley y un Gobierno que defienda al pobre del arbitrario y del violento.

Como Presidente y como michoacano, he buscado fortalecer las políticas públicas que puedan acercarnos al ideal del Siervo de la Nación.

Amigas y amigos:

Hoy, que rendimos homenaje a Morelos, en el Aniversario de su Natalicio, refrendemos el orgullo de ser michoacanos. El orgullo de haber nacido en la misma tierra de este gran héroe.

Como Presidente de la República, es un honor ensalzar por última vez en tal calidad, la memoria del Siervo de la Nación. Y, también, quiero decir que ha sido un orgullo profundo e inigualable servir a Michoacán y a México en estos años.

Tengo mucho que agradecer a mis paisanas y a mis paisanos, porque ellos han sido un poderoso motor que me ha impulsado a seguir adelante, sirviendo a México y a la entidad.

Puedo asegurarles que en esta tarea, he puesto siempre todo mi empeño y mi dedicación, hasta el límite de mis capacidades y limitaciones: alma, corazón y vida, pensando en Michoacán.

Y por amor a esta tierra y a los michoacanos, realizamos la mayor obra de infraestructura hospitalaria de su historia. Y por amor a la tierra, alcanzamos cobertura en salud y en educación primaria. Y por amor a Michoacán, mantuvimos los programas de becas mayores que se tengan registro, en beneficio de niños y jóvenes.

Por amor a la tierra y su prosperidad, emprendimos la mayor construcción de carreteras y caminos en muchísimo tiempo. Y por amor a esta tierra y a los michoacanos, y siguiendo el ideal de Morelos de que haya ley que proteja al pobre frente al arbitrario, hemos luchado sin descanso y con denuedo por defender la libertad, la propiedad y la integridad, la vida de los michoacanos frente a los criminales que las amenazan.

Puedo asegurar, también, como Presidente de la República y como michoacano, que durante esta Administración se transfirió demostradamente el mayor monto de recursos Federales en la historia al Estado de Michoacán.

Sin embargo, sabemos que para que los recursos económicos puedan traducirse plenamente en todo su potencial en beneficio de la gente, es indispensable que los recursos transferidos se manejen no sólo con absoluta honestidad y transparencia, sino, también, con la eficiencia que las necesidades de un pueblo tan pobre como, el nuestro, lo exigen. Lamentablemente, como sabemos, en el pasado inmediato eso no siempre ocurrió así.

Yo hago votos para que Michoacán, a pesar del cambio de Administración Federal, siga recibiendo, cuando menos, el mismo monto de recursos que durante estos años le hemos destinado. Y a ello empeñaré todo mi esfuerzo y mi corazón michoacano en los últimos meses de Gobierno.

Para transformar la vida de las familias michoacanas, dialogamos y trabajamos con gobiernos de todos los signos políticos, porque tenemos muy claro de que, más allá de quién se lleve el mérito, lo primordial debe ser el bienestar de los niños, de las mujeres y los hombres de este bello estado.

Hoy, le agradezco a todos que me hayan permitido servirles. Y seguiré trabajando con ustedes, hombro con hombro, de ciudadano a ciudadano, para seguir abriendo camino a éste, nuestro gran estado; el Jardín de la Nueva España de Morelos.

Hoy, nos une, como siempre, el recuerdo prodigioso del más grande los hijos de la tierra, de esta tierra y de México.

Que nos una siempre la historia, el pensamiento y el amor a la Patria del Generalísimo José María Morelos y Pavón, el Siervo de la Nación.

Qué viva Morelos.

Y qué viva Michoacán.

Telefórmula en vivo

Artículos Relacionados

Back to top button