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Deconstrucción Internacional- Un acto a la vez

Para algunos, el nuevo año trajo consigo una gran dosis de valentía. En India, dos mujeres se dieron a la tarea de desafiar a las autoridades ortodoxas.

Para algunos, el nuevo año trajo consigo una gran dosis de valentía. En India, dos mujeres se dieron a la tarea de desafiar a las autoridades ortodoxas.

Al rayo del sol, más de cinco millones de solidarias se pararon hombro con hombro en el estado indio de Kerala. Con el puño en alto, protestaban a favor del osado acto femenino frente al Templo Sabarimala, el centro de peregrinación más grande en India.

Por más de 800 años, se había prohibido la entrada al Templo al sexo femenino. La tradición dicta que mujeres entre los diez y cincuenta años deberán permanecer vetadas, al vincular la menstruación con la impureza. Por ende, el ingreso de estas mujeres aún se concibe por muchos, como un insulto hacia el Lord Ayyappa, el dios indio del crecimiento.

Al reconocer el matiz de injusticia que pinta la tradición, el gobierno indio decidió actuar en el espectro legal. En septiembre, el Tribunal Supremo eliminó la prohibición perjudicial para las mujeres bajo la premisa de libertad para rezar en donde se prefiera.

Si bien desapareció la represión del papel, se mantuvo entre una minoría religiosa, respaldada por una parte de una poderosa mayoría de población integrada por hombres- y mujeres. La nueva expresión de apoyo por parte del gobierno fue descrita como “traición”; “conspiración entre el gobierno y las mujeres” y “violación de las tradiciones”. El producto fue una oleada de protestas a nivel nacional que agudizó la violencia de género y comprobó la imperante inequidad que hasta el día de hoy caracteriza a la sociedad india.

Bindu Ammini y Kanaka Durga se apegaron a la ley que por primera vez en la historia respalda su ingreso al Templo. Ambas relataron que su visita fue tranquila y que las autoridades cooperaron. No obstante, el nuevo ordenamiento legal está tan lejos de ser aceptado por la mayoría, que una vez fuera del sitio espiritual, se vieron obligadas a huir de los manifestantes.

Eso no fue todo. En cuanto las mujeres abandonaron el Templo, las puertas fueron cerradas para efectuar “rituales de purificación” pues las autoridades aseguraron que el espacio había quedado “contaminado”.

Sin duda, el esfuerzo gubernamental para finalizar una tradición que atenta directamente contra el sexo femenino, es un gran paso hacia la mitigación de la inequidad de género en India. Sin embargo, mientras hombres y mujeres sigan llevando la exclusión en sus entrañas, esta se verá reflejada sin excepción. En el 2018, India fue etiquetado por la Agencia Thomson Reuters, como el país más peligroso para ser mujer. Se tomaron en cuenta los siguientes parámetros: la trata de personas, el acceso a recursos económicos, las prácticas consuetudinarias, la atención médica, la violencia sexual y la violencia no sexual.

Para acabar con una vieja tradición de rechazo y una compleja etiqueta nueva, no basta con modificar la ley. Es imperativa una revolución en el modus vivendi que comprenda a la equidad, como el eje central de las relaciones humanas. Esta comienza con un único acto, que mañana se convierte en dos y pasado en tres. Es así como se forja el cambio, un acto a la vez.

Colaboración de Camila Gómez Díaz Barreiro

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