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Del Zócalo a los Pinos. Artículo de Raúl Castellanos

“FRANCISCO…¿A QUÉ MÉXICO VIENE A VISITAR?”; las crónicas de Judith Torrea sobre Ciudad Juárez son desgarradoras, Javier Sicilia la llamó “el epicentro del dolor”, en ciudad Juárez se vivió con intensidad la barbarie de la guerra de Calderón, el mismo Calderón –acompañado de Margarita Zavala- al que Luz María Dávila increpó en febrero de 2010 por el asesinato de sus hijos en Villas de Salvárcar, a quienes desde Japón, donde se encontraba de gira había descalificado argumentando que su muerte se debía a “un enfrentamiento entre pandilleros”; “le apuesto que si a usted le hubieran matado a un hijo, usted debajo de las piedras hubiera buscado a los asesinos” le dijo; ahí –en Juárez- encontramos los testimonios del daño que la violencia ha causado a la sociedad, calles desiertas, escenario desolador, silencios, casas abandonadas, pero también ahí hay grandes y anónimas historias de supervivencia, de un pueblo al que varias veces lo declararon en agonía –social- en muerte súbita y se niega, se resiste a perecer; Marcos, el sub Marcos en los momentos más intensos del levantamiento Zapatista, el 18 de enero de 1994 se preguntó “¿de qué tenemos que pedir perdón?, ¿de qué nos van a perdonar?, ¿de no morirnos de hambre?, ¿de no callarnos en nuestra miseria?, ¿de habernos levantado en armas cuando encontramos todos los caminos cerrados?, ¿de ser mexicanos todos?, ¿de ser mayoritariamente indígenas?, ¿de luchar por justicia, libertad y democracia?, ¿de no rendirnos?; si nos remitimos a Michoacán o el Estado de México, las condiciones no son muy diferentes, en cuanto a violencia, muerte, crimen, feminicidios, secuestros, extorsión, pobreza extrema, contraste social, violencia intrafamiliar, discriminación, abandono; ante tales condiciones -de vida- no puede dejar de surgir la “duda razonable” –Carlos Puig dixit-, ¿es a este México profundo al que viene a escuchar el Papa Francisco?, ¿serán para ellos los mensajes de sus homilías?; o acaso será para el otro México, el de la clase política que desde su llegada al Trono de San Pedro, lo buscó con insistencia para invitarlo a “visitarnos” haciendo los mejores cálculos políticos –para sus causas-, la misma, de todos los espectros “ideológicos” que se forman en fila india para irse a “tomar la foto”, aún cuando sea en el atrio de la Basílica –de San Pedro- o en saludos de tres segundos en la audiencia pública, esa que, cuando se confirmó su presencia se enfrascó en un intenso forcejeo por llevarlo a San Lázaro o a Reforma, los que piensan que el perdón de sus pecados y sus abusos puede darse en automático con solo besar el anillo papal o asistir a alguna de las misas, o peor aún, nos preguntamos si el esposo de Anahí, otro funambulesco “niño verde” ya encargó a las indígenas Tzotziles, Zoques o Lacandonas, confeccionarle a mano –a su señora “media costilla”- otro vestido, más “elegante” que el de su boda, para recibir al Papa, para luego subir las imágenes a su cuenta de instagram, previo pago en dólares y con la consigna de que aparezcan en “People en Español”; nos preguntamos –también- si la visita obedece a un deseo de convivir con los Cardenales –me estás oyendo Norberto-, Obispos, jerarquía eclesiástica y hasta curas, que viven en la opulencia que tanto ha criticado Francisco, o peor aún con los protectores de pederastas o con la aristocracia económica, que se disputa los primeros lugares en la lista de Forbes; como se advertirá ese es, el punto fino; analistas en temas de las iglesias, nos comentaron que muy posiblemente, fiel a su condición y formación jesuita, el Papa Francisco sorprenda con sus pronunciamientos, en especial a los que están haciendo cuentas alegres creyendo que con la foto será suficiente… ¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…

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