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Del Zócalo a Los Pinos. Columna de Raúl Castellanos

“BELTRONES…LA SANA DISTANCIA QUE LO SEPARA DEL 2018”; “Dios los crea y ellos se juntan” –vox populi dixit- aunque en ocasiones se “revuelven” en alianzas electorales pragmáticas y vergonzantes –para la izquierda-; cual si fuera un maleficio los tres partidos que han dominado la escena nacional en el último cuarto de siglo vuelven a coincidir por razones estatutarias o circunstanciales en la renovación de sus dirigencias; respecto al PRD el escepticismo es mayoritario, no se advierte como un cambio de nombres y onomásticos, “relevo generacional intermedio” –Zambrano dixit- le llaman, pueda resolver las fallas estructurales, por lo que se advierte la lucha tribal para hacerse del poder “de la firma” esta desatada, en su deseo de “sacarse la rifa del tigre” –Preciado dixit- ofrecen incluso –sin rubor- exorcizar los pecados de quien se fue “en paz”; en una primera lectura –me decía ayer un analista de los que se dice conocen del tema- hasta hoy, con esta crisis e intento de purificación, el único que perdiendo ganó, es Carlos Navarrete, su decisión, como lo hemos apuntado, pactada, forzada o “estrictamente personal”, con el correr de los días se ha ido ponderando como una rara y poco frecuente forma de hacer lo “políticamente correcto”, contrario a lo que suele suceder frente a las derrotas electorales de las que se buscan culpables en los “bueyes del compadre”, Carlos asumió la responsabilidad y dio un paso lateral, “al no poder ganar decidió no perder” diría uno de los clásicos, habrá aún que esperar como impacta –su renuncia- en Nueva Izquierda y sobre todo en la relación personal, de absoluta lealtad política que une -¿unía?- a la trilogía JJ-N, si fue producto de una valoración basada en el pragmatismo que los caracteriza habrá que reconocerla en sus méritos, dejémoslo al tiempo, por ahora quedémonos con lo expresado por Zambrano “la decisión de Navarrete es inédita, valiente y responsable”; en el otro frente, el de “abajo a mi derecha”, la necia realidad está evidenciando que la tesis del “relevo generacional” aunque sea “intermedio, ni tan joven ni tan viejo” –Zambrano dixit- no es garantía de nada, hay jóvenes que practican los mismos vicios de los viejos, por más esfuerzos retóricos que haga, al joven Anaya le brotan por los poros los síntomas del “síndrome de la Casa Puebla” –Corral dixit-, las ilegales revelaciones difundidas ayer de conversaciones del ex gobernador de Baja California –desmentidas y negadas con relevante contundencia- sobre intercambio de protección y financiamiento para la campaña –de Anaya- pueden ser sólo la punta del iceberg, esperemos que Corral tenga razón cuando afirma “nada me gustaría más que fuera un embuste”; en cuanto al PRI, el relevo no podía ser más terso, el Presidente Peña y Beltrones, hasta hoy han jugado por nota, da la impresión de un acuerdo de fondo, también cargado de pragmatismo, no veo al Presidente obsesionado con hacer candidato –presidencial de su partido- a un “incondicional” –que nunca lo son- al costo que sea; es posible que exista la intención de romper con reglas no escritas y dejar construir una candidatura presidencial desde la dirigencia del partido –la de Madrazo se inscribe en otro contexto- o por lo menos dejarla correr; Manlio fue muy claro entre líneas “seré el árbitro –del PRI- en el 2016 y 17….y el árbitro no juega” a menos que “deje de ser árbitro”, no lo dijo expresamente pero es una obviedad, por supuesto no la tiene fácil, la ventana de la dirigencia le permitirá remontar la cuesta del conocimiento –de la gente hacia su persona- pero el reto mayor está en ganar el mayor número de gubernaturas en disputa en los dos próximos años y no solo ganarlas sino ganarlas bien, con solvencia en los resultados, las menores impugnaciones y los mejores candidatos y eso está en chino, hebreo y “latín, latón y lenguas muertas” –Chicoche dixit-, solo para sacar adelante las candidaturas –del PRI- tendrá que hilar muy fino, enfrentar a los cotos de poder –de su partido- en los estados, a poderes fácticos, filtraciones, delaciones y traiciones; si lo consigue habrá recorrido la “sana distancia” que lo separa de la candidatura del PRI y porque no, de “la Silla de Krauze” –Peña dixit-, ¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…

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