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Del Zócalo a los Pinos. Artículo de Raúl Castellanos

“MANCERA YA LO BESÓ EL DIABLO… DE BARBOSA”; Miguel Barbosa presidente del Senado, visitó la semana pasada al Jefe de Gobierno, justo después de que éste expresara su deseo de aspirar a la “Silla de Krauze” –Peña dixit-, sí y solo “si la gente así lo decide y se lo pide”; con grandes sonrisas, como si hubieran ganado carro completo se tomaron la foto del recuerdo –o del compromiso-, al término del encuentro el senador fijó su posición, clara, definitiva y contundente “sin duda que sí… me pongo del lado de Mancera en cuanto a su gobierno, en cuanto a su aspiración, yo voy con Miguel Ángel Mancera y espero seguir dialogando con él, lo quiero ver aliado de la transformación del PRD, lo quiero ver de candidato del PRD”, a la presidencia de la república, suponemos “quiso decir” –Aguilar dixit- y para concluir destacó “quiero verlo un promotor del cambio del PRD, más allá de que este afiliado o no esté afiliado (¿?) ¡quiero verlo!, él es un hombre muy influyente (¿?) en el PRD y necesitamos trasformar este instrumento político porque así como está no sirve a nadie”; un poco extrañado por la enorme sinceridad del senador Barbosa, quien –literal- “quemó sus naves” por Mancera, me permití solicitar su opinión sobre el pronunciamiento a algunos de los analistas –políticos- serios y bien enterados; de entrada, todos coincidieron en que se trata de un ejercicio de “respiración artificial”, de “boca a boca” le llamó algún otro, ante la evidente y contundente derrota electoral en la CDMX, frente al “hermano menor”, Morena, que se llevó más de la mitad de las posiciones en juego, debacle que aunque como bien lo dicen los teóricos “no tiene que ser para siempre”, sí evidenció que el Dr. Mancera no pasó la “prueba de ácido”, ya no goza del consenso ciudadano y –al día de hoy- no se le ve como un adversario real, que pueda disputarle la candidatura de la izquierda a López Obrador –a quien por cierto Barbosa considera un “soberbio”-, por lo que, el “apoyo” de Barbosa solo puede considerarse un “disparo al aire” en medio del pantano; otro –analista- ubicó el motivo del “repentino amor”, en las ambiciones –legítimas- del senador, de quien se dice que al ya no tener para donde “crecer” en su natal Puebla, estado donde la fuerza del PRD es casi testimonial, su aspiración sería ser el sustituto de Mancera; y –también lo atribuyen- al juego de vencidas que sostiene con los dirigentes de Nueva Izquierda, corriente que lo impulsó y arropó para ser diputado plurinominal en el 2000, integrante del CEN de Jesús Ortega, Coordinador Nacional de la expresión, senador y Coordinador de la Fracción Parlamentaria y con la cual “de pronto” entró en pugna, al grado de ser uno de los más entusiastas detractores de la dirigencia nacional encabezada por quienes –dice un Chuchista enojado- lo hicieron crecer –con “leche lactosada”, así nos dijeron- y ser lo que es; en este contexto, es casi una opinión unánime que la suma de Barbosa al proyecto Mancera 2018 de poco o nada le servirán para alcanzar el objetivo, sus problemas son más estructurales, tienen que ver con su personal estilo de evadir la menor confrontación o definición, recién Luis Pablo Beauregard escribió en “El País”, “si quiere disputar la candidatura tiene que definirse ideológicamente y dar carácter a su gobierno, comenta Raúl Monge, que acaba de publicar ‘Mancera: el rumbo extraviado’, su biógrafo considera que la derrota en las urnas –el PRD perdió ocho de las 14 alcaldías de la ciudad y cedió la mayoría en el Congreso Local a Morena, el partido de López Obrador- orillará a Mancera y le obligará a marcar un nuevo norte en sus tres años restantes” en el análisis se comenta la acertada decisión de Marcelo Ebrard de elegirlo candidato –a sucederlo- sobre su delfín Mario Delgado, lo que lo llevó a arrasar en las elecciones del 2012, con el 63.5% de los votos, “pero el encanto duró poco” concluye Beaugerard “Mancera incrementó el precio del billete del Metro, que utilizan 4.6 millones de personas al día, también plantó decenas de parquímetros provocando la furia de 15 barrios y lo más grave a ojos de una ciudad que lleva votando casi 20 años por la izquierda, se acercó al gobierno de Peña Nieto, ‘es parte de su carácter, una prudencia política que lo hace llevar la fiesta en paz con todos’, dice Monge, todo eso llevó a que sus índices de reprobación llegaran al 60% en diciembre de 2014”; como se advertirá el escenario para Mancera no parece ser el mejor, a lo que hay que agregar, que para un buen número de sus malquerientes, lo peor –o lo mejor- que le pudo haber pasado, es que, como en los tiempos de López Portillo y sus pugnas de poder con Luis Echeverría “lo besara el diablo” de Barbosa –Gustavo Carvajal dixit-, ¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…



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