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Del Zócalo a los Pinos. Artículo de Raúl Castellanos

“EN POLÍTICA SIEMPRE HAY QUE ELEGIR ENTRE INCONVENIENTES”; “gobernar es rectificar” –Confucio dixit-; las imágenes daban cuenta de una Presidenta, Michel Bachelet, recibiendo en el Palacio de la Moneda, la firma de los Ministros que integran su nuevo gabinete, 108 horas le llevó la reflexión para tomar decisiones, drásticas, como la crisis que encaraba –aún no superada- que la llevó al más bajo índice de aceptación, solo el 30% cuando su popularidad histórica de siempre había estado arriba del 60% su reelección la ganó con el 62%; a 14 meses de haber asumido el gobierno, el “golpe de timón” que ha dado no tiene precedentes “hoy es tiempo de dar un nuevo impulso a la tarea de gobierno y en esta nueva fase tan exigente como inspiradora, se requiere poner renovadas energías y rostros nuevos al frente de las tareas que hemos comprometido al país y que la ciudadanía nos demanda, por esta razón, he decidido, en el uso de mis facultades constitucionales, convocar a un nuevo equipo ministerial” expresó la Presidenta con emoción contenida; urgida de retomar la iniciativa política, fueron nueve los cambios de titulares de carteras y varios más los enroques, recompuso –también- el equipo político que la acompaña en la Moneda, de la Secretaria General de Gobierno, que realiza funciones de vocería, salió el socialista Álvaro Elizalde y entro Marcelo Díaz –también del PS- hasta ese día embajador en Argentina, a la Secretaria General de la Presidencia, responsable de la agenda legislativa del ejecutivo y la relación con el Congreso llegó el diputado Jorge Insunza –del PPD- que reemplazó a la democristiana Ximena Rincón, que pasó a ocupar el Ministerio de Trabajo; como se advertirá el tejido tuvo que ser muy fino para conciliar intereses, visiones y cuotas partidistas, no hay que olvidar que Bachelet tiene como origen la Concertación de Partidos por la Democracia, surgida de la alianza para impulsar el “NO” en el referéndum que logró, sin derramar sangre, sacar del poder a Pinochet, al día de hoy refundada y reconocida desde el 30 de abril del 2013 como “Nueva Mayoría”, integrada por, el Partido Socialista, el Demócrata Cristiano, el partido por la Democracia, el Radical Socialdemócrata, el Comunista y el MAS; paradojas de la vida –política- y lecciones de la historia, en 1973 cuando el Presidente Salvador Allende enfrentaba el asedio económico de los Estados Unidos, trataba de conjugar las demandas, tendencias y posiciones –algunas irreductibles- de los partidos que integraban la “Unidad Popular” y luchaba contra el permanente sabotaje de la derecha fascista, con amplia influencia en el sector universitario y en el –sector- obrero, traducida en la larga huelga de la mina de cobre “El Teniente”, intento, en una acción –casi desesperada- recomponer su gabinete incorporando a miembros de la Democracia Cristiana, en aquella época liderada por Eduardo Frei –padre-, las negociaciones –narran los testimonios- fueron intensas, habiendo ya un acuerdo, en el último momento se impuso el sector duro de la derecha y el arreglo abortó, Allende se vio obligado a convocar a los militares encabezados por Augusto Pinochet que sustituyó a Carlos Prats a quien poco tiempo después, ya consumado el golpe y la dictadura gobernaba a sangre, fuego, desapariciones y muerte, la DINA –la “Gestapo” de Pinochet- lo asesinó en una calle de Buenos Aires; pero volviendo al tema, la decisión de Bachelet no es menor, partiendo del supuesto de que en política las alianzas más fuertes son las surgidas de las complicidades –malas y buenas que también las hay- a la distancia se advierte como una firmeza de Estado; Bachelet se deshizo de sus dos más cercanos colaboradores y aliados, Rodrigo Peñailillo Ministro del Interior y Alberto Arenas Ministro de Hacienda, sus dos hombres de la más absoluta confianza –si se tratara de hombres todos, con cierta frivolidad podríamos decir que eran “cuadernos de doble raya”- consejeros y operadores desde los tiempos en que Bachelet despachaba en Nueva York al frente de ONU-Mujeres, artífices de su regreso a Chile, responsables de su Programa de Gobierno, la campaña –toda- y hasta su despido, de las dos reformas –”estructurales”- más relevantes, la electoral que pretende cambios sustanciales al sistema binominal y la tributaria, o sea, si nos permiten la comparación, que siempre resultan odiosas, Peñailillo y Arenas son o eran –mejor dicho- lo que Osorio y Videgaray son para el Presidente Peña Nieto; quienes los sustituyen es solo un agregado, aunque en este caso los relevos Jorge Burgos y Rodrigo Valdez son reconocidos como negociadores y capaces, el primero despachaba como Ministro de Defensa y el segundo era presidente ejecutivo del Banco de Estado Chileno; lo sucedido –en Chile- muestra el carácter y sentido de oportunidad de Michele Bachelet, a grandes males grandes remedios, en una crisis alguien tiene que pagar los “platos rotos”, bien dice uno de los clásicos “el Presidente es y debe ser el solitario de Palacio”…¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…

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