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Del Zócalo a los Pinos. Artículo de Raúl Castellanos

“CALDERÓN EN CAMPAÑA…LA NOTA SOY YO”; en tales términos se habría dirigido a los coordinadores de comunicación del gobierno federal, en enero del 2007, en el arranque de su gobierno, Felipe Calderón, el objetivo central –y único- era exaltar la figura presidencial –según narra Ernesto Núñez Albarrán, en su libro “Crónica de un sexenio fallido”; en el mismo texto refiere como el todavía presidente trató de maniobrar después de la derrota de Josefina Vázquez Mota –”la señora del pan” Elba Esther dixit- para recuperar el control del partido y desplazar a Madero de la dirigencia, para ello impulsó la celebración de una Asamblea Nacional Extraordinaria antes de dejar el poder, en la que ajustaría cuentas, algo así como su “noche de cuchillos largos” o de las “camisas azules”, por su parte, Madero, difundía la “brillante idea” de “llevar a cabo un proceso de reflexión de largo aliento” con el evidente propósito de ganar tiempo hasta que ocurriera el relevo en “la silla de Krauze” –Peña dixit-; en medio de este forcejeo llegó el día del Consejo Nacional, que debería decidir sobre qué hacer, incluyendo una “tercera vía” propuesta por un grupo de notables que sugería, “crear una comisión especial de análisis con un plazo de seis meses para proponer al partido acciones específicas y solo después de ese análisis convocar a la asamblea”; “Calderón –apunta Núñez Albarrán- llegó derrotado al Consejo Nacional del partido, ese día leyó un largo discurso en el que recordó que pronto ya no habrá gobierno y lo único que les quedará será el partido, se quejó del lema de Josefina, repartió culpas, regañó a los panistas y reprochó las prácticas inadmisibles de muchos de ellos, sólo reconoció un error de su parte, el no haber sabido comunicar sus decisiones y sus logros a la sociedad, urgió a reformar el partido y advirtió nuevamente sobre las terribles consecuencias que tendría no hacer nada, el presidente hizo ver a Madero como un dirigente de pacotilla al hablar durante una hora sin darle derecho de réplica, se fue anunciando que tenía algo urgente que hacer, hablarle al director técnico de la selección olímpica de fútbol, que ese día había derrotado a Brasil en la final de de los juegos de Londres, Calderón se vio soberbio y prepotente, en opinión de muchos consejeros y se fue de la sede partidista confiado en sus operadores, creyendo que el calderonismo seguía siendo mayoría en el Consejo Nacional”; pero ¡oh! sorpresa!, la necia realidad lo desmintió, desde entonces y hasta la fecha la lucha por el control del PAN, incluyendo el poder de la “firma” para registrar candidaturas, administrar las prerrogativas, los arreglos en lo “oscurito”, el “cash” y lo que se acumule en el día a día, se libra cuerpo a cuerpo, palmo a palmo, todo el tiempo; el tema viene al caso porque recién, el ex presidente Calderón, al día de hoy supremo comandante de la “Band of Brother’s”, declaró que “la participación en política es un deber de todo ciudadano” por lo que está “cumpliendo con lo que le toca”, apoyando sin medida ni clemencia las campañas de los candidatos panistas, en particular las de los candidatos a gobernador (a), ¡faltaba más! También en la derecha hay “clases sociales” y proyectos dinásticos, por lo que el énfasis lo ha puesto en Michoacán, donde su hermana Cocoa va por la revancha; ante tal protagonismo –incluyendo tomarse la foto en los camiones como ambulante- de entrada hay que precisar y reconocer, que está en todo su derecho de hacer con su vida –política- lo que le plazca –incluyendo el ridículo- no existe impedimento legal alguno en función del cargo que ostentó; dicho lo anterior, no han faltado quienes han salido a cuestionarlo con el argumento de que “las formas”, “el silencio” invocando las “reglas no escritas”, que si no están escritas, pues, no son reglas, así de sencillo; lo que no se vale –me dicen analistas serios consultados- es que ahora nos venga con el cuento de que “en la vejez viruelas”, que de pronto le surgió el espíritu democrático, que lo atacó el síndrome AMLO, de recorrer a ras de tierra el país pregonando las bondades del “buen gobierno”, mejor sería –siguen argumentando los que le saben al tema- que dijera claramente que no rinde la plaza, que Madero es su obsesión, que “el hijo desobediente” nunca deja de serlo, que la candidatura presidencial de Margarita –su esposa de todo nuestro respeto- va hasta donde tope; de igual forma –concluyen los analistas- será el electorado el que decida si le compra el discurso “del retorno de los brujos” o si, por el contrario, le cobra en los candidatos que anda apoyando con tan singular entusiasmo, los cien mil muertos del calderonato; esos a los que Javier Sicilia se refiere cuando cita la Guerra de Troya “la diferencia es que usted, semejante a Agamenón, sabiendo que era una ilusión lo que perseguía, condujo esta absurda guerra, sobre usted pesa el grave dolor que ha llovido sobre México, pesan miles de cuerpos lanzados a las fauces del mar, miles de almas trilladas cual espiga en piedra de molino y ríos que exudaban entre el lodo la sangre, pesan miles de viudas, de huérfanos y de desaparecidos, pesan los miles de desplazados, si usted Sr. Presidente no toma el camino de justicia que les debe, si continua humillándonos y traicionando su palabra, los muertos y las víctimas no lo dejaremos dormir en ningún sitio”…¿alguien puede asegurar que esto ya está decidido?…

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