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Púdrete, Marcelo. Artículo Ciro Gómez Leyva / El Universal

Soy enemigo de las teorías de la conspiración. Por facilonas, porque dejan demasiado a la fantasía y reivindican el prodigio, como los cuentos de hadas. Sigo pensando que en el periodismo aun lo prodigioso tiene que ser revisado como un hecho verificable, tangible, medible. Si no, se entra al reino de la ficción, donde habitan también las teorías de la conspiración.

Reconozco que varias de ellas han sido exitosas. Pese a que en dos décadas no se ha probado nada, Carlos Salinas de Gortari mandó matar a Luis Donaldo Colosio. Pese a que 19 millones de mexicanos votaron por él en absoluta libertad, Televisa impuso a Enrique Peña Nieto. Ni hablar.

Dicho lo anterior, me cuesta asumir que no haya una mano detrás de la secuencia de acciones que persiguieron a Marcelo Ebrard en el primer trimestre de 2015. Tres tiros en fila a la cabeza del ex jefe de Gobierno del DF.

Primero, enero, el triste informe de la comisión de diputados sobre la Línea 12 del Metro, sin más objetivo que pedirle a la PGR que fincara responsabilidades a Ebrard y lo que quedaba de su equipo. El PRD y el PAN se hicieron bolas, el gobierno de Miguel Ángel Mancera clavó el cuchillo pero no lo removió en las vísceras y al PRI no le quedó sino tocar una vergonzante retirada.

En febrero siguió el lastimoso episodio en que los líderes del PRD (Los Chuchos) invitaron a Ebrard a ocupar un lugar de privilegio en la lista de los candidatos plurinominales a la Cámara de Diputados, solo para reprobarlo después con el poco creíble argumento de que fue decisión de los consejeros.

Ebrard se movió y consiguió la candidatura plurinominal por Movimiento Ciudadano, pero un conjunto de partidos, encabezado por el Verde, armó un recurso para quitarle la candidatura (incumplimiento de las leyes al participar simultáneamente en el proceso de selección de dos partidos). El Tribunal Electoral les dio la razón y Ebrard es un cadáver para los comicios del 7 de junio.

“Es una venganza porque me vinculan con lo de la casa de Las Lomas de la esposa de Peña Nieto”, me dijo Ebrard el 2 de febrero. “Yo francamente pensaba que era inverosímil, pero al ver cómo está procediendo el PRI, no tengo duda de que es una instrucción superior”.

–¿Son Los Pinos? –insistí.

–Son Los Pinos—confirmó–. Si no fueran Los Pinos, no sería la alta prioridad que es.

Ayer repitió tal cual: es Peña Nieto, son Los Pinos. Y, sí, parece el guión de una película titulada “Púdrete, Marcelo”.

MENOS DE 140 Sus abogados reconocieron ayer que Angélica Fuentes orquesta la defensa desde Estados Unidos, pese a que aun no es prófuga de la justicia.

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