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Palabras de la presidente del PAN, Cecilia Romero, durante XXII Asamblea Nacional Ordinaria

Delegadas y delegados que nos acompañan esta mañana: sean bienvenidos a esta vigésima segunda Asamblea Nacional Ordinaria del Partido Acción Nacional.

A nombre del Comité Ejecutivo Nacional y de manera personal, agradezco su presencia en este recinto, así como el esfuerzo que implica el que cada uno de ustedes esté aquí, refrendando la vocación democrática de nuestro Partido.

Muchas gracias, señores gobernadores Marcos Covarrubias, de Baja California Sur, Miguel Márquez Márquez, de Guanajuato, Rafael Moreno Valle, de Puebla.

Bienvenido también mi estimado Renán Barrera, alcalde de Mérida y Presidente de la Asociación Nacional de Alcaldes.

Queridas Blanquita y María Elena, gracias por la congruencia de vida que han entregado a Acción Nacional.

Don Luis , Luis Felipe, gracias por estar siempre con el PAN.

Senador coordinador Jorge Luis Preciado: es un honor contar con su presencia.

Dip. José González Morfin, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, bienvenido. Gracias por estar aquí.

Saludo también con aprecio a los jefes estatales de las 32 delegaciones que hoy están aquí reunidas, y que durante las últimas semanas, en sus respectivos estados, llevaron a cabo asambleas, organizaron elecciones y acompañaron los distintos procesos que concluyen en esta Asamblea Nacional.

Y muy especialmente a cada uno de los panistas que en esforzada y alegre caravana emprendieron el camino, una vez más, hacia esta congregación democrática de hombre y mujeres libres. Bienvenidos todos!

Hoy, los panistas nos damos cita para demostrar a todo el país, y para demostrarnos a nosotros mismos, que somos un Partido vivo por su democracia, por sus valores, por su libre decisión de renovarse y seguir trabajando al servicio de México.

Una vez más, podemos decir con orgullo a todos los mexicanos, y también a las otras fuerzas políticas, que el camino de la democracia es complejo pero que es el mejor, que requiere grandes esfuerzos pero que es el único que garantiza los valores por los que el PAN ha luchado desde su primera hora.

Valores como el diálogo y el acuerdo, que construyen comunidad sin disolver a la persona, que son suma de voces y punto de reunión, valores donde tienen cabida las muchas expresiones que conforman nuestro país.

Valores como la ética y la honestidad que han sido, y deben seguir siendo, el sello que nos distinga como panistas, como funcionarios, como legisladores.

Valores como la legalidad y la transparencia, que son los pilares sobre los que se levanta cualquier sistema que intente llamarse democrático.

Valores, en suma, que permanecen más allá de la victoria o la derrota en las urnas, porque ganar o perder no son condicionantes para vivir y practicar de manera cotidiana aquello en lo que creemos y por lo que luchamos.

Por el contrario, y que quede claro, ganamos o perdemos en la medida en que somos distinguibles, distintos y mejores en nuestro actuar cotidiano. En la medida en que demostramos que somos congruentes con el humanismo de nuestra doctrina y con el legado de quienes nos antecedieron.

Este es el PAN, el partido que se levanta orgulloso de su pasado, que se sigue construyendo cotidianamente, y que será el que heredemos a quienes nos sucedan, este panismo que vive y late fuerte para decirle a México: ¡Somos Acción Nacional!

Con ese orgullo, este 2014 el PAN celebrará sus primeros 75 años de vida institucional, llena de grandes nombres, de enormes sacrificios, de acciones heroicas y de varias generaciones de mujeres y hombres que decidieron tomar en sus manos el destino de su país y trabajar para transformar su realidad.

A lo largo de esta nuestra historia, el PAN ha pagado una cuota elevada por la participación en la lucha por la democracia, por el bien común, por obtener una vida mejor y más digna para todos.

Ha pagado días y noches, y vidas, y patrimonios, y sueños.

Cada ser humano es único e irrepetible, y su vida es el primero y mayor bien que toda institución debe tutelar, y quiero en estos momentos recordar y elevar una oración por Gustavo Garibay García, alcalde panista de Tanhuato, Mich., así como para enviar un abrazo a sus familiares, que es también para todos nosotros, sus compañeros militantes de Acción Nacional.

Hace exactamente una semana, Gustavo fue asesinado por manos cobardes, ante la grave omisión del deber por parte de la autoridad a quien desde aquí, reiteramos la exigencia del esclarecimiento de los hechos.

Sin embargo, nadie, nunca, siembra en vano: ninguna vida pasa sin dejar huella, y en tu memoria, Gustavo, esta Asamblea Nacional reafirma, con un aplauso, la decisión de todo el PAN de reconstruir a México para que sea un país justo, y seguro para todos.

A 75 años de su fundación, Acción Nacional afirma que este siglo XXI no puede entenderse sin la convicción, sin la esperanza, sin la labor decidida, la altura de miras y la determinación que han distinguido a muchos militantes y dirigentes del PAN.

Convicción como la de Gómez Morin y González Luna en 1939, quienes jamás probaron la victoria electoral, pero que nunca claudicaron de su misión democratizadora y civilizatoria de la política nacional.

Esperanza como la de Christlieb Ibarrola y González Morfín en los años sesenta y setenta, quienes entendieron el signo de su tiempo y supieron tender puentes para hacer del diálogo la herramienta transformadora de nuestra nación.

Labor decidida como la de Luis Álvarez y Maquío, demócratas de cepa, que nos enseñaron cuánto puede lograrse cuando una persona deja de ser un mero habitante y decide convertirse en auténtico ciudadano.

Altura de miras como la de Carlos Castillo Peraza, quien profundizó como pocos sobre los retos y desafíos que enfrenta la democracia de nuestro tiempo.

Determinación, como la de Felipe Calderón, que llevó a la Presidencia de la República el humanismo político que profesamos.

Hoy quiero invitarlos a considerar el tamaño de nuestra deuda con ese gran legado que tenemos en nuestras manos, y en consecuencia, a trabajar incansablemente para estar a la altura de lo que representa Acción Nacional.

No creo exagerar al decir que este tiempo nuestro es equiparable con otros de gran transformación. Sin embargo, éste se distingue de muchos otros que ha vivido nuestro país, porque la transformación se está dando desde las instituciones y con la construcción que se logra a través del diálogo entre los diferentes e incluso entre los antagónicos.

Nunca como ahora se había podido modificar de modo tan profundo el orden legal mexicano, sobre todo respecto de temas de hondo calado que inciden directamente en modos mejores de convivencia y bienestar. El PAN y sus grupos parlamentaros hemos cumplido nuestra parte, y la hemos cumplido bien.

Sin embargo, los logros alcanzados no deben ser para nuestro solaz, ni para encontrar un remanso en nuestra lucha.

Nada bueno saldrá de las reformas estructurales por las que sentimos legítimo orgullo, si éstas pretenden aniquilarse en los hechos, por emboscadas legales algunas veces, y otras más por francos asaltos en despoblado. No permitiremos que los avances democráticos apenas alcanzados sufran menoscabo; haremos valer cada uno de nuestro votos y de nuestra experiencia para impedir leyes que sirvan para pagar deudas de campaña y no para transformaciones profundas en beneficio de todos los mexicanos.

Desde esta tribuna democrática expresamos que el PAN no arruinará un proceso histórico de concertación con la mezquindad que en otros años padecimos.

Que tampoco lo arruine el gobierno o su partido queriéndonos hacer aprobar iniciativas de ley que se alejan del propósito fundamental que inspiró las reformas constitucionales: servir a los mexicanos.

El PAN es hoy oposición, y estará a la altura del momento histórico de México. No regatearemos ni un voto en favor de leyes que nos inserten en la modernidad económica, política y social, pero tampoco seremos cómplices de ningún mal manejo, de argucias ni de trampas de nadie.

Celebremos 75 años de Acción Nacional renovando el compromiso fundamental: ordenar nuestros actos al bien superior de la patria, a la honestidad, a la política sometida al imperio de la ética.

Por ningún motivo la ambición de unos cuantos malos funcionarios ha de ser el signo con el que nos identifique la sociedad.

Por ningún motivo debemos tolerar que algún panista se esconda bajo los pliegues del fuero o del cargo para sustraer lo que le pertenece al pueblo mexicano para la construcción del bien común.

Acción Nacional no echará a la calle el prestigio de 75 años por unos cuantos. Debemos actuar contra aquellos de quienes tengamos la claridad probada de que han traicionado la confianza de la sociedad y de este partido. Lo haremos sin juicios sumarios, pero tampoco por ductos paralizantes. Pero sobre todo, seguiremos trabajando en el compromiso de transparentar el manejo de los dineros públicos, para romper las cadenas de corrupción y, en su caso, sancionar a los transgresores.

Simple y sencillamente, en este partido no queremos a los corruptos.

Por otra parte, la dimensión y complejidad de nuestro partido ha magnificado los extremos de la competencia interna, someti a tensiones causadas por quienes no han entendido que la diferencia y el disenso, fruto de la pluralidad, no son incompatibles con nuestro desarrollo democrático, ni con el respeto elemental que nos debemos unos a otros.

Damos la bienvenida siempre al debate intenso, y a la confrontación de ideas, pero rechazamos con la misma energía las posiciones de quienes sólo admiten los resultados que les son favorables, y de quienes quieren conseguirlos a cualquier precio y de cualquier modo.

Me hago cargo de las muchas pasiones que afloran, sobre todo en los equipos de campaña y en los seguidores de los candidatos; eso está bien, mientras la pasión no desborde el corazón en una sed de acabar al adversario.

Entiendo que en política, la pasión puede y debe ser una fuerza al servicio de la prudencia para alcanzar el bien que resulta arduo de alcanzar, pero nunca para destruir las razones por las cuales militamos y permanecemos en Acción Nacional.

Los candidatos y sus equipos deben saber que es inútil que uno trate de ganar la elección aniquilando al otro. El día después, aquí vamos a seguir todos los que queremos a este partido, los que queremos a México, y nada debe impedir que lo hagamos juntos, sin agravios ni rencores.

Nadie en el PAN, usando la figura de Carlos Castillo Peraza, puede ejercer la vocación de arqueólogo desde la dirigencia, trabajando sobre ruinas. Nadie gana aniquilando. Nadie construye atacando, nadie suma dividiendo, nadie unirá a todos los panistas si sólo ve por una parte, y no por el instrumento de salvación para México que el PAN ha sido y debe seguir siendo.

Ante la compleja situación de la contienda se levanta la fuerza de los militantes; cada uno, cada una, debe escuchar, dialogar, reflexionar y decidir su voto en absoluta libertad, individualmente, de acuerdo con su convicción. Porque en el PAN sabemos practicar internamente lo que hemos predicado por los caminos de México durante 75 años.

Aún para los más mezquinos oponentes, es irrebatible que el Partido Acción Nacional le ha dado a México muchos de sus más capaces gobernantes, elocuentes parlamentarios, esforzados dirigentes, mujeres que abrieron la brecha y han señalado rutas, muchas de sus más preciadas instituciones, sus mejores leyes y obras sociales transformadoras.

Es cierto que hemos acompañado el nacimiento y maduración de todo un inventario de bienes públicos: la transparencia, la rendición de cuentas, la libertad de expresión, la visibilidad de la mujer, la competencia democrática, el equilibrio del trabajo con el capital, la seguridad social.

Sí podemos confirmarlo, hemos ganado la victoria cultural, la de las ideas, la de las costumbres

Pero no celebramos los primeros 75 años de vida de Acción Nacional desde un homenaje al pasado, ni con las nostalgias de viejas luchas por antiguos agravios.

Esta es una celebración de vida, de futuro, ajustándonos a una sociedad que exige de sus políticos soluciones inmediatas a problemas concretos.

Amigos y amigas panistas: mi invitación final es a reflexionar, para traducir nuestras ideas en acciones concretas.

Reflexionar, para que este aniversario y estos tiempos que vivimos trasciendan el festejo y se conviertan en un compromiso renovado y en una voluntad decidida de reforzar la identidad, de refrendar la militancia, de pasar lista de presente y de volver a mirar con sinceridad y honestidad a los mexicanos, reafirmando y comprobando en los hechos que en el PAN estamos para servir a México y nada más.

Vocación de servicio, amigas y amigos: esa es la traducción más sencilla y más compleja del humanismo. Sólo así podremos ejercer el liderazgo que México nos demanda y nos exige.

Tenemos claros los ejemplos de nuestro pasado y los retos de nuestro presente. Tengamos esa claridad también para definir, juntos, unidos y con auténtica camaradería, nuestra ruta de futuro.

Sigamos siendo el partido que, ayer como hoy, abandera las grandes transformaciones de nuestra nación, es el reto que debemos enfrentar, es el compromiso que debemos asumir; y es posible porque los que aquí estamos mantenemos viva la esperanza de que Acción Nacional será para los mexicanos de hoy y de mañana, espacio e instrumento para lograr el bien común de nuestro México.

Salgamos a defender y honrar, desde nuestras acciones, desde nuestro ejemplo, desde nuestros valores y desde nuestra convicción: el orgullo de ser Acción Nacional.

Muchas gracias.

hbc



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