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El poeta vale todos los votos juntos. Artículo Ciro Gómez Leyva / Milenio

Después de conversar brevemente con él, creo que Javier Sicilia repensará y votará por Andrés Manuel López Obrador y los candidatos de izquierda.

No sé cuántos votos signifiquen Javier y su movimiento por la paz. Sé que su voz, espíritu y tenacidad fueron centrales para que el Senado aprobara ayer la Ley General de Víctimas. Y que sería imposible explicar el dolor de los últimos años sin Sicilia y los suyos. ¿Pero votos efectivos, contables, el 1 de julio?

No importa cuántos sean. Lo esencial para López Obrador y las izquierdas es que un movimiento social tan hondo y pulcro debe estar con ellos. Son la reserva moral organizada.

Sicilia ha sido diáfano al afirmar que sin la reforma política que le dé fuerza a la gente y con una propaganda de horror, “estilo Goebbels”, el país se encamina a “las elecciones de la ignominia”. Frente a eso, el voto en blanco, el voto nulo, es el único reto, el único reducto moral, la dignidad que queda.

López Obrador dice que anular el voto es hacerle el caldo gordo al PRI y a Peña Nieto, le digo a Javier. “Puede que tenga razón”, me desarma. “Es el mejorcito de los candidatos, el menos peor. El problema es que el país no está para este tipo de elecciones”.

Y hábil como es para no atascarse en los dogmas, le pinta la ruta al tabasqueño: “Queremos que nos demuestren, a mí y a los que vamos a votar en blanco, por qué no debemos votar en blanco, y que lean la agenda del movimiento de la que no hablan en la campaña, porque nadie está hablando de la emergencia nacional que vivimos”.

—¿Es eso, Javier?

—Somos las víctimas de la desgarradura nacional. Que nos digan frente a eso, por qué no tenemos que votar en blanco.



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