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Deconstrucción Internacional - La silla acolchonada


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08 de Noviembre, 2018

    

En tiempos de Trump, la violencia política que circula por la Casa Blanca se ha integrado casi por completo. Diría que, a estas alturas parece camuflajearse con el amueblado.

Camila Gómez Díaz Barreiro

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Pero el trato que el presidente estadounidense acostumbra a ofrecer a quienes le representan una amenaza no debe normalizarse. Después de todo, lo que para él supone un indicio de riesgo es todo aquello que toma forma de cuestionamiento, interrogación o disidencia: elementos fundamentales para el correcto funcionamiento de una democracia libre y abierta.

Desde la victoria republicana en 2016, la prensa ha sufrido ataques constantes. Las incansables declaraciones de fake news son tal vez uno de los emblemas más lamentables de la administración de Trump. Este mecanismo ha dejado ver lo sencillo que es derribar a la crítica desde el poder. El desplante más reciente sucedió en una conferencia de prensa en la Casa Blanca cuando Jim Acosta, corresponsal de CNN, puso sobre la mesa dos temas controversiales: la caravana migrante y la investigación de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de EU.

La primera intervención de Acosta fue el cuestionamiento de la campaña del presidente que especifica que los migrantes han desatado una invasión al país, cuando en realidad se encuentran a cientos de kilómetros de distancia. Posteriormente se refirió al escándalo ruso en la contienda electoral y antes de poder concluir su participación sobre la investigación que ha colgado de un hilo la credibilidad del presidente, Trump repitió varias veces ¡ya basta! Solicitó que le retiraran el micrófono, llamando al periodista "una persona horrible" de la cual CNN debería de estar avergonzado. Cuando otro periodista intentó defender a Acosta, el presidente comentó: "no soy muy fan de ti tampoco, no eres de los mejores". Jim Acosta fue suspendido de la Casa Blanca al finalizar la conferencia.

La dinámica que dirige el presidente estadounidense ha obstaculizado las vías de libre expresión y despedazado los derechos de quienes se incorporan desde el tintero. Mediante una carta firmada por más de doscientos periodistas, se recriminó el comportamiento de Trump como "no americano y profundamente ilegal para el presidente de Estados Unidos y el líder del mundo libre".

Pero aquel liderazgo está más lejos de la realidad que nunca. Por lo menos el estilo de mando que se asocia con un líder positivo. En cambio, la intimidación, el miedo y la intolerancia han forjado en silencio una nueva manera de hacer política en Estados Unidos; y Trump parece sentirse más cómodo que nunca en esta silla acolchonada.

Colaboración de Camila Gómez Díaz Barreiro

 

 

 

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