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El mestizaje musical se consolida en el ´Vive Latino´. Fórmula Internet

Iniciar un festival musical de dos días de duración en el Distrito Federal en 1998, con 32 bandas mexicanas, nueve de habla hispana y una estadounidense, todas con el rock en sus diferentes variantes como común denominador, no fue una casualidad.

Conciertos masivos como Avándaro, en la década de los setenta que no registraron muertos ni actos violentos pero con la característica de difundir mensajes políticos en medio del consumo de drogas, mandaron a la escena musical alternativa nacional a lugares de poca monta, clandestinos y en los suburbios de la capital de la República, resistiéndose a morir.

Debieron pasar casi dos décadas para que grupos mexicanos se unieran, salieran a la luz, ocuparan programas en televisión abierta y grabaran para grandes empresas trasnacionales. La aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el 1 de enero de 1994, fue la excusa para que la causa indígena fuera difundida en las ‘tocadas’ organizadas por grupos autogestivos y formaran a un grupo de seguidores jóvenes ávidos de ir más allá a lo ofrecido por los medios masivos de comunicación.

Aunque un año antes, en 1993, un grupo de bandas organizó un concierto masivo en la Plaza de Santo Domingo para difundir el plebiscito al que convocaron un grupo de intelectuales y activistas (principalmente para convertir al DF en el estado 32), indudablemente fue el realizado en la islas de Rectoría de la Ciudad Universitaria, el 7 de enero de 1994, el primer acto en el que, sin policías, rasias ni discriminación, convivió un gran número de adolescentes.

Posteriormente vendrían otras ‘tocadas’ más, como ‘De la raza pa’la raza’ en el Deportivo Cuauhtémoc en mayo de 1994; el ’12 Serpiente’ realizado el 18 de mayo de 1995 en el Estadio de Prácticas de CU; o el ocurrido el 19 de febrero del mismo año con Caifanes en la delegación Venustiano Carranza, que concluyó con destrozos incuantificables, lo cual ocasionó la prohibición de estos actos en lugares abiertos.

Tres años después de esos míticos conciertos, en 1998, surgió el “Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino”. La idea pretendía rescatar el movimiento indigenista y un tanto nacionalista en boga por aquellos días, por lo cual se establecieron reglas, nunca escritas, para priorizar la participación de bandas nacionales y hacer a un lado grupos de habla inglesa.

La convocatoria de ese primer ‘Vive Latino’ sobrepasó las expectativas, pero ni la participación pacífica de miles de asistentes fueron suficientes para convencer a los organizadores de organizar un segundo festival en 1999, por lo cual nunca se concretó, sino hasta el año 2000.

Para la segunda edición del festival el número de alineaciones nacionales se redujo a 12 y las de hispanoparlantes se elevaron a 13, lo mismo que las estadounidenses al pasar de una a dos. Con el paso de los años aumentaron los escenarios y el número de alineaciones extranjeras. Hasta llegar a los cuatro días que en su décima quinta edición ocupan.

Si bien es cierto que la fusión de ritmos caribeños ha sido una constante en las agrupaciones latinas, siempre en busca de una identidad propia, la llegada de más bandas de otras latitudes permitió ampliar el abanico musical de la escena que año con año de dan cita en Foro Sol, al grado que géneros antes irreconciliables ahora conviven en armonía y tranquilidad, tal y como ocurrió el año pasado con los ‘Ángeles Azules’ una agrupación de cumbia originaria de la delegación más conflictiva del Distrito Federal, Iztapalapa.

La presentación estelar de esta noche estará a cargo de Los Tigres del Norte, un grupo asentado en Estados Unidos y consolidado en el género norteño. Pero también aportará su propuesta el sonido ‘La Changa’, el domingo, y otros sonideros.

Basta ver el cartel de este sábado en el escenario principal con participaciones como El Gran Silencio, Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio que, por cierto, están de regreso, además de Calle 13 y el cierre de los Tigres, para afirmar que no sólo se consolidó el ‘Vive Latino’, sino que el público mexicano se habituó a convivir con nuevos ritmos y otros géneros.

Y para todos aquellos que se quejaban porque el llamado ‘rock urbano’ no se programaba en este tipo de festivales, este viernes tocó Charly Montana y para hoy aparecerá en el escenario ‘Unión Indio’ una de las bandas de metal mexicanas más reconocidas en la escena mundial, Luzbel.

El mestizaje musical es una realidad ya en el ‘Vive Latino’, en el que se entremezclan sonidos eclécticos, electrónicos, salsa, ska y otras variantes. A la pregunta ¿dónde quedó el impulso a la música hecha en México? Este año se suma el escenario ‘Raíces’, donde los asistentes escuchan los mismo ritmos pero en lenguas como el otomí, el huichol y varias más. Una grata sorpresa escuchar reggae en tzotzil o el Rapero de Tlapa, acompañado de El Retro, Kukulkán y el DJ Cucaracho, mandaron mensajes de paz y justicia con letras en tlapaneco y nahua.

Por Héctor Bastida



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