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Una vuelta más, no es nada luego de una larga vida: Bozena Hausleber

México.- Bozena Hausleber solloza en silencio, mientras la urna en la que fueron depositadas las cenizas de su esposo Jerzy Hausleber llega al estadio Olímpico México 68.

Los amigos más cercanos, entrenadores y ex marchistas acompañan a la familia del fallecido entrenador, en un homenaje más que se le rinde al “Padre de la Caminata” en este emblemático escenario.

Su rostro dibuja asombro cuando entra al inmueble sobre su silla de ruedas. A Bozena se le nota cansada, con los ojos enrojecidos, mientras su hijo Andrés se muestra complacido por el cariño que muestran a su padre. Uno de los pupilos de Jerzy, el medallista olímpico de Los Ángeles 84, Ernesto Canto, lidera el homenaje.

El Sol a plomo pega entre los presentes, no más de 50, pero entre ellos los más cercanos al profesor, quien creó a grandes marchistas mexicanos como José “Sargento” Pedraza, aquel michoacano que hizo vibrar a México en los Juegos Olímpicos de 1968, o Ernesto Canto, medallista olímpico, quien ahora conduce el sublime homenaje en este sitio en que Jerzy Hausleber pasó a la historia.

También están Martín Bermúdez, quien tuvo en el polaco mexicano a un “maestro”, y Germán Sánchez, quien recibió del entrenador europeo siempre un gesto de apoyo; todos con gratitud a Jerzy.

“Esto es un momento tan significativo para la familia del deporte, no sólo para el de la caminata, sino para todos”, dijo el ex marchista Martín Bermúdez al resaltar que no sólo las nueve medallas olímpicas hechas por Jerzy Hausleber fueron lo más valioso, sino su entrega al deporte para hacerlo un hombre universal.

Cierra su intervención con una frase que llega, que pega en el centro del corazón: “Atrás vamos quedando pocos, cada vez somos menos, pero lo más significativos”.

Luego, Andrés, hijo de Jerzy, destaca el lugar que representó para la marcha mexicana el inicio de una época dorada. “Para mi padre fue el inicio de la historia del atletismo de México”.

Pero remata Pablo Garrido con una frase que aún llega más: “Cuando fallece un hombre no se entierra, se siembra”. Luego una lluvia de aplausos ante la urna en donde descansan las cenizas de Jerzy Hausleber.

Bozena sigue atenta, observa a su alrededor a los amigos de su esposo. Le agrada y deja escapar una lágrima.

“Siempre buscaba las cosas imposibles, en tan corto tiempo demostró lo que un mexicano puede hacer. Llegamos un 24 de mayo de 1966 y no tardó en demostrarse”, mencionó su compañero, también de origen polaco, Tadeusz Kempka, con quien convivió cerca de 62 años.

Enseguida, Ernesto Canto pide realizar una vuelta olímpica en el estadio como cuando hace 46 años Jerzy Hausleber vio a su pupilo José Pedraza entrar casi desfallecido por el esfuerzo.

Bozena toma entre sus manos la urna. El Sol sigue en la cúspide, y el grupo de hombres sigue con la petición.

Durante el recorrido, aquel estadio, ahora en silencio, despide a su paso al profesor, sus amigos recuerdan anécdotas y ríen con singularidad, porque así le hubiera gustado a Jerzy.

Al final, Bozena inhala profundo y luego dice: “Una vuelta más, no es nada luego de una larga vida juntos”.

Notimex



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