Cultura

MÚSICA

Ian Curtis, Joy Division y la (im)permanencia a 42 años de su muerte

Joy Division, a través de su cuenta oficial de Instagram recordó a Ian Curtis que, para el momento en el que decidió terminar con su vida, tenía 23 años.

Joy Division sin Ian Curtis a 42 años.Créditos: Juan Carlos García
Escrito en CULTURA el

Este miércoles se cumplen 42 años sin Ian Curtis y sin Joy Division. Quedaron tres discos: uno como la primera banda que formaron, Warsaw, nombre mítico que tomaron de un lugar donde los alemanes nazis tenían un espacio de divertimento, y los dos de cabecera, Unknown Pleasures (1979 ) y Closer (1980).

La banda, a través de su cuenta oficial de Instagram –sin que toquen desde hace años con ese nombre y sin saber quién maneja la cuenta– recordó al vocalista que, para el momento en el que decidió terminar con su vida, tenía 23 años.

Las 19 canciones oficiales que nos dejaron han sido lo suficiente potentes ante el tiempo, el mejor veredicto que puede tener una obra, como lo decía Schopenhauer, para que regresemos a ella. Del proto al postpunk consolidado. Pero no solo eso sino que han llegado a representar algo más allá, son una calca de lo depresiva que puede llegar a ser la sociedad, como lo decía el filósofo y ensayista británico Mark Fisher.

“Si Joy Division importa hoy más que nunca es porque ha captado el espíritu depresivo de nuestro tiempo. Escuchen Joy Division hoy y tendrán la ineludible impresión de que el grupo estaba catatónicamente conectado con nuestro presente, su futuro”, escribió Fisher en su ensayo “No more pleasures”.

Regresar a escuchar el inicio de su primer disco es llenarse de dos sensaciones: vitalidad y depresión. Entender cómo los dos sentimientos coexisten. La canción "Disorder", con la que arranca su primer disco, es emblema de la banda y una que ya maquinaba el final de Ian Curtis sin si quiera haber terminado de escuchar el álbum o de llegar al lanzamiento del segundo.

Escuchar se reducía a los oídos de los no mortales, al menos el palabras del que fuera bajista de la agrupación, pues Curtis percibía lo que ellos no. Esta descripción la ofrece el mismo Peter Hook al inicio del libro, escrito por el periodista y crítico musical Jon Savage, This Searing Light, the Sun and Everything Else (Una luz abrasadora, el Sol y todo lo demás, Sexto Piso), ahora editado en español.

“Ian fue el instigador. Solíamos llamarle el Vigilante. Ian podía estar sentado allí mismo y te decía: ‘Esto suena bien, vamos a acompañarlo con la guitarra’. Tú no podías discernir qué era lo que sonaba bien, pero él sí, porque simplemente escuchaba. Esto hizo que todo fuera más rápido, lo de hacer canciones. Siempre había alguien escuchando. No sé cómo explicarlo, era pura suerte. No había ninguna habilidad ni ningún motivo. De verdad, nunca lo tomamos en cuenta, simplemente salió así”, recuerda Hook.

Como esposa, Deborah Curtis hablaba todo el tiempo de su ambición, sobre el escribir una novela y hacer música, y ese lugar estuvo con Joy División. Una banda de legado, pero que no viajó a Estados Unidos, pues a un paso de esa gira Ian cortó con su vida.

Los que quedamos, quizá todavía pensamos como su manager Tony Wilson: “Todavía no sé de dónde salió Joy Division”. Pero aquí seguimos, escuchándolos a cuatro décadas de su ¿final?. A 42 años de que Ian Curtis partió y dejó reproduciendo la cinta Stroszek (1977) de Werner Herzog, mientras escuchaba The Idiot (1977) de Iggy Pop.