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¿Las vacunas evitan el COVID-19 prolongado? Experto lo aclara

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Aunque la mayoría de las personas con COVID-19, que fueron vacunadas, experimentan síntomas leves o una enfermedad moderada, hay quienes no se recuperan después de 2 a 6 semanas. Aquellos pacientes en los que los síntomas persisten o vuelven a aparecer por semanas o meses luego de la recuperación inicial, se les dice que tienen síndrome de COVID-19 prolongado. Las manifestaciones clínicas más frecuentes en ellos y ellas son: fatiga, disnea, tos, alteraciones del olor y del gusto, dolores articulares y musculares (artralgias). [caption id="attachment_1437540" align="alignnone" width="1280"]Tos y fatiga, síntomas de la COVID-19. Pixabay[/caption] Al respecto, el fisioterapeuta David Putrino comentó, a Nature.com, que ha notado que estar completamente vacunado no necesariamente protege contra el llamado COVID prolongado. Sin embargo, aclaró que las vacunas sí reducen el riesgo de COVID-19 largo, ya que disminuyen posibilidades de contraer SARS-CoV-2, en primer lugar. Pero para aquellos que experimentan una infección de gran avance, los estudios sugieren que la vacunación sólo podría reducir a la mitad el riesgo de COVID prolongado. Es decir, que las vacunas aminoran, en gran medida, los porcentajes de enfermedades graves y muertes causadas por COVID-19; no obstante, no son tan eficaces para prevenir la enfermedad, y el COVID prolongado puede surgir incluso después de una infección por coronavirus leve o asintomática. Por lo anterior, los países con altas tasas de infección todavía podrían terminar con muchos casos de COVID largo, incluso si las naciones tienen altas tasas de vacunación. [caption id="attachment_1437545" align="alignnone" width="1280"]Estar vacunado no te asegura que no padezcas COVID-19 prolongado. Pixabay (Imagen ilustrativa)[/caption]

¿Qué causa el COVID largo?

La causa de COVID prolongado -también conocida como secuelas post-agudas de una infección por SARS-CoV-2- no ha sido confirmada: Una posibilidad es que un poco del coronavirus persista después de la infección aguda, acechando en varios tejidos (como el intestino, el hígado o el cerebro) y continúe causando daño. Otra opción es que la respuesta inmune desencadenada por la infección inicial pueda generar anticuerpos y otras reacciones inmunológicas contra los propios tejidos del cuerpo, lo cual podría seguir causando complicaciones después de que la infección se haya eliminado. [caption id="attachment_1437562" align="alignnone" width="1280"]Las vacunas no evitan el COVID-19 prolongado. Pixabay (Imagen ilustrativa)[/caption] Cabe mencionar que, en octubre, la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido, que está recopilando datos sobre COVID largo, informó que la primera dosis de una vacuna COVID-19 se asoció con una disminución del 13% en los síntomas de COVID largo auto-reportados entre los que ya tenían la condición. La segunda dosis produjo una caída adicional del 9% en relación con la primera dosis. Con información de Nature.com También te puede interesar:

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