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En 1948, su familia
se trasladó a Memphis, uno de los centros de la actividad
musical del país. Cuando Elvis contaba apenas diecinueve
años, el productor Sam Phillips, propietario de Sun
Records, decidió editarle un single que contenía
los temas That's all right y Blue Moon of Kentucky. Este primer
intento le abrió las puertas de un programa radiofónico
de música country, Louisiana Hayride, con un abanico
de emisión que comprendía trece estados.
Tras graduarse de la escuela secundaria, Elvis se empleó
como chofer de tractor en una compañía de electricidad,
hasta que cierto sábado de julio de 1953 decidió
acudir a la modesta compañía de discos Sun,
para realizar una grabación privada de la canción
"My Happiness", que le regalaría a su madre
el día de su aniversario.
Apenas un año después, Elvis regresó
al estudio de Sun Records con el propósito de grabar
un segundo disco privado, que incluiría las canciones
"Amor de ocasión" y "Nunca permaneceré
en tu camino". Fueron precisamente estas interpretaciones
las que le abrirían el camino hacia la fama y el éxito
al llamar la atención del promotor Sam Phillips.
En
1956 fue un año decisivo en la carrera de Elvis, ya
que grabó por primera vez en los estudios neoyorkinos
de la RCA su versión a la canción de Carl Perkins
Blue Suede Shoes, así como 7 selecciones más
para su primer LP con la prestigiada compañía
estadounidense. En ese mismo año, su éxito "El
hotel de los corazones rotos" lo convirtió en
millonario vendedor de discos. Fue precisamente a consecuencia
de su carisma y talento como intérprete, que una de
las principales compañías de películas
decidió que valía la pena capitalizar su éxito
en las taquillas de los cines con su primer largometraje,
originalmente titulado "The Reno Brothers", pero
renombrada "Love Me Tender" en honor a una de sus
canciones más sentidas.
Ya desde el año de 1955, y a raíz de que Elvis
empezó a trabajar con el coronel Parker, y los célebres
Scotty Moore, Bill Black y DJ Fontana, la mercadotecnia hizo
acto de presencia. Como cabía esperar, en sus conciertos
se empezaron a vender todo tipo de souvenirs.
El
24 de marzo de 1958, Elvis Presley ingresó al ejército
de los Estados Unidos de América, enterrando con ello
la que sería su época más interesante
como cantante e innovador. Asignado recluta al fuerte Chaffee
de Arkansas, el ídolo de las jovencitas de los años
cincuenta permitió que le cortaran el copete.
Desgraciadamente,
la imagen de seguridad que se proponía proyectarle
al mundo se empezó a derrumbar.
El 14 de agosto de 1958, cuando a la edad de 42 años,
su madre dejó de existir. "He perdido lo mejor
que tenía", declaró a la prensa el día
en que los reporteros lo enfrentaron con sus micrófonos.
La
distancia resulta difícil afirmar que el ejército
fue el que transformó en hombre al jovencito de las
caderas inquietas y el copete envaselinado, lo cierto es que
Elvis regresó a su país transformado, con la
chica a la que amaba, con una madrastra y su hábito
por las pastillas para dormir. Pero nada de esto, ni siquiera
su falta de conciertos, afectó el cariño que
sus admiradoras sentían por él.
Con
el nacimiento de su hija Lisa Marie, la popularidad de Elvis
recibió un nuevo ascenso. A partir de ese momento,
la letra de las canciones que cantaba se convirtieron en poemas
llenos de amor, vivencias, sustancia y realidad.
En
esta tercera etapa sus mayores éxitos fueron canciones
del tipo de "Suspicious Minds", "In the Ghetto"
o "Burning Love". Priscilla, por su parte, se consolaba
de los rumores de las citas furtivas de Elvis con sus admiradoras
entendiéndose con el profesor de karate de su marido.
Elvis
pasó de la depresión a la esquizofrenia, de
la melancolía a la hiperactividad, de la amabilidad
a la ira y a la histeria, de sus 70 kilos de peso a los más
de 115 que lo aislaron en las paredes de Graceland.
Las
pocas presentaciones personales que Elvis realizó en
aquella época fueron de mal en peor. En escena, daba
la impresión de que no le importaba nada, ni la música,
ni su imagen, ni sus largos monólogos que cada día
se volvían más incomprensibles. No cabía
duda de que el Rey se hallaba gravemente enfermo física,
espiritual y emocionalmente.
Pocos
días antes de su muerte, Elvis ya no coordinaba sus
ideas; perdía la Memoria y caía en incoherencias.
Fue
así que el martes 16 de agosto de 1977, a las 2:20
de la tarde, Joe Esposito, manager y administrador de Elvis
decidió presentarse en su habitación para terminar
de arreglar con él lo referente a unos conciertos que
estaba organizando. Al no encontrarlo en su cama, se dirigió
al baño, donde yacía en el suelo.
Al enterarse de la muerte del rey a los 42 años, el
mundo cambió su ritmo. En Inglaterra hubo quienes espontáneamente
vistieron de luto. En París, "Le Monde" le
rindió homenaje posturno y en Japón los locutores
lloraron abiertamente ante el micrófono.
Los
admiradores llegaron a carretadas a Graceland para formar
parte del cortejo fúnebre que acompañarían
a Elvis a su última morada. "El Rey ha muerto,
descanse en paz", fue el coro que se escuchó en
los corazones de sus seguidores.
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