La marcha sí, pero... |
Estoy de acuerdo con la exigencia que se le debe de hacer a la autoridad, de cualquier nivel y partido, sobre la garantía de seguridad personal y patrimonial de todos los mexicanos. Pero cabe aquí una reflexión: ¿quién le exige a la sociedad? Pues para exigir un derecho debemos estar al día en nuestras obligaciones ciudadanas. Cuantos de los que participaron en la marcha de hace cuatro años hoy continúan siendo las mismas personas con las mismas actitudes, cuántos de ellos se pasan el día de hoy el alto del semáforo, se dan vueltas prohibidas, no respetan los lugares de los minusválidos en un estacionamiento, cuántos pagan sus impuestos a medias o de plano no pagan nada, cuántos pagan a medias el IMSS, el Infonavit y el afore de sus trabajadores, cuántos humillan y desprecian el trabajo de una trabajadora domestica pagándole un ínfimo sueldo, cuántos se estacionaran en lugares prohibidos y le darán una cooperación al franelero, cuántos de ellos “aceitaron la maquinaria” para agilizar un trámite, cuántos que marcharan irán comiendo unas papitas y tomando agua y tiraran el envase al arroyo de la calle porque es más cómodo, cuántos votaron en el pasado proceso electoral y cuántos le dejaron la responsabilidad a otros de decidir absteniéndose de su deber ciudadano, cuántos adquirirán productos piratas bajo el pretexto de que son más baratos que el original, cuántos hacen trampitas en la fila de un banco o de una oficina pública y una infinidad de etcéteras. Somos nosotros los que debemos de parar la corrupción exigiéndole a la autoridad nuestros derechos pero primero cumpliendo nuestras obligaciones. La corrupción es una moneda de dos caras en la que la sociedad que marchará es una y la autoridad es la otra cara. A ambos nos toca hacer nuestra parte, exigirle a la autoridad y exigirnos a nosotros mismos, el balón no está de un sólo lado, el balón se juega en ambos lados de la cancha.
Joaquín G. González de León |