Contra la inseguridad... ¿reuniones? |
Para la inmensa mayoría de los mexicanos, la ola de inseguridad que actualmente azota nuestro país es uno de los más grandes motivos de preocupación. Hoy es tal la dimensión de la delincuencia, la violencia y la impunidad en México, que comparados con ellos los demás problemas nacionales --que los tenemos en abundancia, por cierto-- no parecen ni tan grandes ni tan graves. Vivir con la sensación de que, en cualquier momento, uno puede llegar a convertirse en víctima de los criminales, es uno de los peores desmotivantes para el desarrollo. Los mexicanos no nos sentimos seguros para emprender proyectos productivos, construir nuestro patrimonio, generar riqueza o ahorrar, porque percibimos que los delincuentes están al acecho, prestos a arrebatarnos lo que logremos conseguir. Pero más allá de los bienes y riquezas materiales, los criminales en el presente no se detienen para arrancarnos lo más valioso: la tranquilidad, la integridad física, la vida misma. Seamos pobres o ricos, a los hampones les damos lo mismo. El fenómeno de la delincuencia en México ha trascendido el motor típico del criminal, que es hacerse de recursos quitándoselos a los demás, y se ha convertido --en muchos Frente a la inseguridad, la reacción del Estado Mexicano --que es el primer responsable de garantizar la seguridad de los ciudadanos-- ha sido el clásico reflejo de los políticos de nuestro país: echarse la bolita unos a otros, soltar discursos llenos de sensibilidad y promesas... y quedarse muy quietecitos, casi con la esperanza de que los problemas se solucionen por sí mismos. Ha sido necesario que la familia de un importante empresario fuera directamente afectada para conmover a los Poderes de la Unión, sacándolos de su letargo y obligándolos a tomar alguna forma de acción para tratar de amortiguar los golpes con que los delincuentes cotidianamente lastiman a toda la sociedad. A partir de ese hecho, ocurrido a principios del mes de agosto, lo más lejos que llegaron las autoridades fue a convocar una reunión del Consejo Nacional de Seguridad, la cual tuvo lugar el pasado jueves 21 de agosto, y confirmar la asistencia de los ejecutivos estatales, del jefe de gobierno del Distrito Federal, así como de los demás integrantes de dicho Consejo. ¿Así es como se pretende combatir la inseguridad? ¿Con reuniones, donde cada quien presenta su plan, o decálogo, o doble decálogo, o lo que sea que llevaran preparado, sin poner atención a las propuestas de los demás? ¿Con reuniones, donde a pesar de sus rencillas, terminan todos muy sonrientes tomándose la foto? ¿Con reuniones, que una vez finalizadas devuelven a todos a sus torres de marfil, desde donde permiten que las cosas sigan exactamente igual que hasta hoy? ¡Valientes autoridades las nuestras! Los delincuentes deben estar muy contentos. Porque, mientras nuestros funcionarios se reúnen y se llenan la boca de palabras, firman papelitos y posan ante las cámaras, ellos siguen libres en las calles robando, asaltando, extorsionando, secuestrando, violando, mutilando y matando. León F. Herrera. |