Trabajar en call centers los llevó a pedir licencia psiquiátrica


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13 de Febrero, 2018

    

Cada segundo en un call center es medido, más de dos minutos en el baño son mal vistos, 15 minutos para comer son suficientes y los insultos de los clientes son normalizados.

FOTO: Vice

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Sólo 15 minutos para comer; menos de dos para ir a baño. Seis horas de trabajo. Un teléfono que no para de sonar, insultos constantes y promesas de una carrera en la empresa, es la vida de quienes trabajan en un call center.

El tiempo vale más que las personas, quienes, ahí, dejan de ser humanos para convertirse en un número; el horario de almuerzo, el tiempo que tardan en resolver el problema del cliente, lo que demoran en calmarlo y los minutos que uno pasa en el baño, están cronometrados.

Los jefes son "líderes", los grupos de trabajo se dividen en "islas" y los errores se dividen en "fatales" y "no fatales". La empresa promete una posibilidad de ascenso, de crecimiento y de hacer carrera; la cual o no llega o se da sin ningún aumento salarial, sólo más trabajo.

"Llegaba a mi casa y no me podía desconectar. Me acordaba de algún diálogo áspero con un cliente", contó al portal Vice, Mariano, quien trabajó tres años y medio en Multicanal.

Los primeros meses en el call center, atendía 100 llamados, después no llegaba a los 30. Las discusiones con los clientes y los insultos que recibía lo afectaban dentro y fuera de las seis horas en su ‘isla', hasta que un día no pudo más y colgó el teléfono a uno de ellos, lo que fue un "error fatal".

"Nosotros en todo momento tenemos que tratar de sacar al cliente de ese estado violento, usar todas las herramientas para que se calme", dijo su líder, quien, como castigo, le quitó sus días de descanso.

Mariano tuvo que pedir tres meses de licencia psiquiátrica, una vez cumplido el plazo volvió, aunque tiempo después se decidió a renunciar.

La misión de Magui, era llamar e intentar convencer a un cliente descontento de que continuara con la compañía de telefonía móvil. "Era un ente productivo, me extinguí como persona", confesó la joven al medio antes citado.

La ansiedad de trabajar ahí comenzó a ‘controlarla', primero, con chocolates y comida chatarra; después cayó en las drogas. Su paciencia estaba entregada al trabajo. No había nada más fuera del call center. La relación con sus amigos y sus familiares había cambiado.


(Vía: Vice)

En una ocasión, su líder de turno le dijo que le faltaba "compromiso" con su equipo, después de que se encerró en un baño del trabajo para llorar, por la presión.

Un lunes, horas después de registrar su asistencia al trabajo acudió a Recursos Humanos y presentó su renuncia. Pasó un mes para que saliera a buscar trabajo por miedo a no resistir la presión de otra empresa; le habían hecho creer que lo que vivió en el call center era normal.

Estos jóvenes revelaron que en los centros donde laboraron, los derechos laborales son premios. En un call center el que mejor trabaja tiene las fechas de vacaciones que aspira y los descansos que nunca deberían ser rechazados.

Con información de Vice.