Barcelona ya es considerada como la nueva Ámsterdam. Con Manuel Feregrino

24 de Marzo, 2017

    

Barcelona ya es considerada como la nueva Ámsterdam: según los últimos datos, la capital catalana cuenta con unos de 200 clubes cannábicos, de los cerca de un millar que funcionan en España.

Foto: Sitio

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Barcelona ya es considerada como la nueva Ámsterdam, según los últimos datos la capital catalana cuenta con unos de 200 clubes cannábicos, de los cerca de un millar que funcionan en España.

Lo hacen con toda normalidad aunque pasan desapercibida para el ojo ajeno. No tienen cartel, ni escaparate. Desde fuera parecen salidas de emergencia ya que solo se percibe una puerta opaca y un interfono. Y es que no es un comercio, es un club cerrado y teóricamente sin ánimo de lucro.

Las leyes españolas permiten el autoconsumo de mariguana y el cultivo compartido. Así que estos clubes se registran como asociaciones donde sus socios delegan en una sola persona la plantación de marihuana y se reúnen para fumarla en un espacio privado, como si de un grupo de amigos se tratase. El problema es que la misma legislación penaliza la posesión o el consumo en la calle.

Entonces, ¿cómo se transporta de los sembradíos a la asociación? Hay un vacío legal que deja a los usuarios ante la arbitrariedad de las autoridades. Es por eso, que la presidenta de la Federación de Asociaciones Canábicas de Catalunya, Patricia Amiguet, exige que ya se regulen.

Sus demandas se han llevado a debate a través de Iniciativas Legislativas Populares, que han sido admitidas a trámite tanto a nivel nacional como regional. De hecho, una de las pionera es la que está debatiendo ahora el Parlamento Catalán. Alba Verges, diputada presidenta de la Comisión de Salud subraya la necesidad de que la iniciativa se convierta en ley.

En esta voluntad política ha influido la proliferación de los clubes cannábicos. Aunque empezaron en silencio, los clubes han popularizado en los últimos años. Para acceder, el usuario debe inscribirse a través de alguien que ya sea socio, presentar una identificación oficial y pagar una cuota anual, con ello podrá disponer de hasta 100 gramos de marihuana por persona al mes.

Pero bajo estos protocolos se encubre cada vez más un modelo comercial de éxito. Las guías turísticas de Barcelona ya lo incluyen como atracción a su público más joven. Hay páginas webs donde algunos se promocionan y facilitan la inscripción a distancia. E incluso afuera del Museo del Cannabis de Barcelona varios enganchadores ofrecen a los visitantes llevarles a clubes cercanos. Con cada socio nuevo el club pueden aumentar la producción y por tanto el negocio.

Para entrar en uno de estos negocios hay que conocer a alguien. Yo fui con un amigo que ya era socio y nos recibió un portero de 1´90 metros. La chica de recepción que me cobró la cuota de socia me avisó que si compraba marihuana para llevar me la escondiera muy bien porque una vez fuera del club ellos no se hacían responsables. Una vez pasados estos filtros pude entrar y el aspecto era el de un café de moda. Música suave, mesas con enchufes para computadoras, sofás, una barra con alcohol y refrescos, y un dispensario con un menú de variedades de marihuana. En las paredes colgaba una exposición de pintura. La sensación y la relación era la misma que estar en un coffe shop holandés, solo que no había ventanas a la calle para evitar su promoción.

Desde el Parlamento catalán, Verges asegura que con la nueva ley se quiere desincentivar este modelo comercial a la holandesa.

La ley está prevista para ser aprobada antes del verano. Luego podría ser impugnada por el Tribunal Supremo de Justicia que ya tumbó la anterior, menos ambiciosa.

Con información de Majo Siscard