Cien años de soledad, medio siglo de mostrar la realidad latinoamericana


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29 de Enero, 2017

    

La obra maestra de Márquez no define con exactitud a un país en específico. No tiene una locación exacta ni un periodo histórico que concuerde con la realidad. Además, añade elementos mágicos que solo existen en los sueños de los lectores más imaginativos.

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Hace medio siglo, Gabriel García Márquez publicó la novela del pueblo latinoamericano.

En mayo de 1967, en Argentina, la novela Cien Años de Soledad llegaba a los ojos de los lectores, que en aquel momento se debieron sentir tan identificados como nos sentimos ahora al recorrer sus páginas.

Para honrar la obra más universal del Nobel colombiano, en el aniversario número 50 de su publicación, Hay Festival y la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI- convocaron a "El gozo de leer Cien años de soledad", en una lectura colectiva que se realizó del 26 al 28 de enero en Cartagena de Indias.

Macondo y su gente representan aspectos cruciales del pueblo latinoamericano: una sociedad trabajadora y anclada en sabiduría y valores que han pasado de generación en generación. Alegre, guerrera y fácilmente impresionable.

La obra maestra de Márquez no define con exactitud a un país en específico. No tiene una locación exacta ni un periodo histórico que concuerde con la realidad. Además, añade elementos mágicos que solo existen en los sueños de los lectores más imaginativos.

Sin embargo, pasajes de la novela nos hacen recordar a nuestros propios países, y sus hechos pasados y actuales. Esta cualidad es la que ha convertido a la novela en atemporal, universal y en un libro denominado ‘clásico’.

En México, como en varios países latinoamericanos, somos un pueblo que está entre las antiguas costumbres y tradiciones por un lado, y la cultura moderna de la globalización, por el otro. De manera muy similar a la transformación que sufrió Macondo cuando la empresa bananera de Estados Unidos llegó a su tierra por medio del tren. Eso sí, en nuestro país no fue plátano lo que atrajo a los inversionistas extranjeros, sino petróleo.

Como una eterna advertencia, Cien Años de Soledad nos enseña que la sobreexplotación de los recursos naturales de nuestro país por potencias extranjeras solo conlleva beneficios para ellos, mientras que nuestra gente se lleva la peor parte. Esto, al final, provoca en Macondo la huelga de trabajadores de la empresa bananera.

Al respecto de este trágico episodio literario, que derivó en una matanza de trabajadores por parte del gobierno, no podemos dejar de apuntar que cada país latinoamericano ostenta momentos similares.

En México, la matanza a sangre fría en una plaza pública, como la de los trabajadores bananeros en Macondo, nos recuerda a la Masacre del 68, cuando los estudiantes fueron asesinados mientras estaban reunidos en la Plaza de Tlatelolco. Otras tragedias donde se han visto envueltas las autoridades ya sean federales, estatales y/o municipales, son las ocurridas en Tlatlaya, Ayotzinapa y, más recientemente, en Nochixtlán, Oaxaca.

En la novela, el personaje José Arcadio Segundo es testigo y sobreviviente de la masacre donde murieron más de 3 mil trabajadores. Pasa el resto de su vida intentando convencer a la gente que la matanza existió, y que sus cuerpos fueron transportados en el tren para ser tirados en el mar, sin que nadie le hiciera caso.

Al igual que ocurrió en la masacre en Macondo, a pesar de los esfuerzos por un pequeño sector de la población que insiste en recordar los episodios violentos en los que se ha visto envuelto el gobierno de México, la mayoría parece refugiarse en el olvido de estos hechos, permitiendo, debido a su pasividad, que vuelvan a suceder estas tragedias.

Esta facilidad de olvidar la historia, imperante en la novela de Márquez, es uno de los factores preponderantes que condenó a la gente de Macondo a su destrucción.

Y es imposible no relacionarlo con nuestro propio país. Al final, nuestra facilidad para olvidar la historia es lo que nos condena a una realidad decadente, insegura y corrupta.

Hace unos días, del miércoles 25 al viernes 27 de enero, durante el Festival de Cartagena, en Colombia, se conmemoró el medio siglo de Cien Años de Soledad con una lectura en voz alta en la que participaron escritores y periodistas de distintas partes del mundo como Fernando Aramburu, Héctor Abad Faciolince y la mexicana Carmen Aristegui.

Además de los festejos bien merecidos en honor a la novela y a su autor, fallecido en 2014, el medio siglo de la novela nos debe servir para reflexionar sobre lo que nos enseña, de una manera realista y mágica a la vez, a los pueblos, especialmente latinoamericanos: que nuestra sociedad no debe cometer los errores de la estirpe de los Buendía, como la permisividad en el saqueo de sus bienes y el olvido de su propia historia, para así, quizás, no condenarnos a un final trágico, sin segundas oportunidades sobre la tierra.

Guadalupe Thomas. Quadratín